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Emociones

27 de enero de 2020

A veces lleno la vida de argumentos, palabras, teorías, doctrinas, ideas… sobre todo. Sobre Dios, sobre mí, sobre lo que hago o lo que quiero hacer, sobre mis gentes…

Pero cuando dejo el corazón desnudo, allá donde las palabras ya no saben pronunciarse, allí siguen latiendo el calor, la pasión, el desasosiego, el miedo, la dicha, el temblor… Y tú me hablas también en ese lenguaje

1. Sentir…

“Volvieron los setenta y dos muy contentos y dijeron: Señor, en tu nombre hasta los demonios se nos sometían”. (Lc 10, 17)

No quisiera quedarme apático, indiferente a todo, frío, ajeno a Ti, a los otros y a mis propias fuerzas. ¿Qué sería una vida así? Sin tormentas ni remansos de paz. Sin cuestas de enero, en las que parece que el mundo da vértigo, o sin momentos de quietud en los que todo vuelve a su sitio.

¿Qué sería mi vida si no hubiese en ella ilusiones, zozobra, instantes de dicha y otros de desasosiego? ¿Qué sería mi historia sin lágrimas ni risas? ¿Qué sería cada día sin amor o desamor? Gracias por crearme así, sensible, sentimental (que quiere decir capaz de sentir –ojalá mucho-) capaz de vibrar, temblar, volverme loco a ratos…

¿Cuáles son mis sentimientos frecuentes en esta última temporada?

2. Gracias por la tormenta

“No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada”. (Mt 10, 34)

La tormenta asusta. En esos momentos creo que me voy a hundir. Y me desinstala. Pero también me despierta. Me hace vivir, luchar, revolverme si algo no me gusta o me duele. Me hace levantar la cabeza, el corazón, los brazos, preparado para defenderme de lo que amenaza, o para afrontar lo difícil.

La tormenta es el mal de amores, las relaciones complicadas, las discusiones familiares, el agobio de los estudios, la incertidumbre sobre mi vida o mi futuro y tu evangelio cuando se me vuelve espinoso. Todo eso es la tormenta…
… Pero en ella no estoy solo, porque Tú estás conmigo.

¿Qué me hace vibrar, pelear?
¿Qué me sacude, me remueve, me despierta?
¿El evangelio me provoca algunas veces?

3. Gracias por la calma

“… aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y os sentiréis aliviados. Porque mi yugo es llevadero y mi carga es ligera” (Mt 11, 29-30)

La calma son esos momentos en que el sentimiento es más cálido. Es el abrazo anhelado que se recibe y se convierte en bálsamo que aquieta y sosiega. Es la palabra que acuna, arropa e ilusiona. Es la alegría tranquila cuando parezco encontrar respuestas.

Es el momento de perdón tras una discusión (cuando vuelvo a encontrarme con la mirada que necesitaba). Es el silencio cargado de música. Es la satisfacción por la tarea terminada. Y es tu evangelio cuando me llena de coraje, de empuje, de sentido…
… Y en la calma no estoy solo, porque Tú estás conmigo.

¿Dónde encuentro la paz?
¿El evangelio es fuente de tranquilidad?¿Cuándo?
¿Qué palabras me serenan?

Fuente/Autor: /www.pastoralsj.org

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