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El Milagro de la Guadalupana

27 de enero de 2020

El Milagro de la Guadalupana

Una de las festividades religiosas más bellas que se celebran en México es el 12 de Diciembre, día de Nuestra Señora de Guadalupe. En esa fecha, es realmente impresionante observar el número de fieles que acuden a rezarle, a cumplirle mandas, a cantarle las tradicionales “mañanitas,” o a alabar a la Virgen de Guadalupe en su día.

La historia de la Guadalupana (como cariñosamente también le llamamos los mexicanos,) data del siglo XVI. Miguel Sánchez, un teólogo nacido a fines del mismo siglo, recogió las tradiciones orales que había sobre las cinco apariciones maravillosas de María en el Tepeyac al indio Juan Diego, y publicó su relato en 1648. Haciendo uso de un suave y tierno lenguaje, Sánchez nos legó los pormenores de aquellos milagrosos encuentros, que en México todos conocemos desde nuestra infancia.

A continuación un resumen de las prodigiosas apariciones de las que, para gloria de México y del catolicismo, Sánchez fue divulgador. La historia de la milagrosa aparición de la imagen de la Virgen de Guadalupe tiene su comienzo una fría madrugada del 9 de Diciembre de 1531.

Era sábado y Juan Diego, un nativo recién convertido a la fe, hacía su larga caminata para asistir a la doctrina cristiana. Cuando llegó al pie del cerro llamado Tepeyac, en el valle de la Ciudad de México, escuchó el bello canto de muchos pájaros.

“¿Dónde estoy? ¿Acaso en la tierra celestial?,” se preguntó. De pronto, oyó una dulcísima voz que lo llamaba. Volteó y vió a la Señora más bella que jamás hubiera imaginado. Su vestido relucía como el sol; el risco donde estaba de pie, lanzaba rayos de luz; la tierra relumbraba los colores del arco iris; los mezquites y nopales parecían de esmeraldas y turquesas; las espinas de oro.

Asombrado, se postró ante Ella. “Hijito mío,” le dijo “quiero que vayas con el obispo y le digas que mucho deseo que aquí me provea de una casa sagrada para que a los que allí me busquen, les de mi consuelo, mi ayuda y todo mi amor. Anda, haz lo que esté de tu parte.”

Enseguida se dirigió a ver al obispo. Cuando le contó lo ocurrido, el obispo, con menosprecio, le dijo: “Juan Diego, son cosas de tu imaginación,” y lo despidió.

Muy triste, Juan Diego regresó a decirle a la Señora del Cielo que el obispo no hacía caso de un pobre indio como él, que mejor debía mandar a un noble para que se creyeran sus palabras. “Te he escogido a tí, Juan Diego, para que seas mi mensajero. Haz lo que te pido.”

Al día siguiente antes del amanecer, Juan Diego salió a oir misa y luego fue a ver al obispo. Esta vez, el Obispo le dijo que le trajera alguna señal de la Señora del Cielo, o que ya no volviera.

Juan Diego no regresó a ver a la Señora al día siguiente porque su tío, con quien vivía, estaba gravemente enfermo. Esa noche, el tío, sintiendo que se moría, le pidió a Juan Diego que le trajera un sacerdote.

Muy temprano el Martes, 12 de Diciembre, Juan Diego salió a buscar al sacerdote. Tomó otra ruta para no encontrarse con la Señora por temor a que lo detuviera. Pero llegando al pie del Tepeyac, Ella lo paró. “¿A dónde vas, hijo mío?”, le preguntó al apenado Juan Diego. El le contó lo que pasaba con su tío. “No te aflijas, que tu tío ya está bien.” (Este fue el primero de los muchos milagros de Nuestra Señora de Guadalupe.)

“Sube ahora a la cumbre del cerro y corta flores.” Allí jamás hay flores, nada más piedras, pensó él. Pero para su asombro, el cerro estaba alfombrado de flores. Las recogió en su tilma, y se las llevó a la Señora. “Esta es la señal que llevarás al Obispo,” le dijo ella.

Después de una larga espera, el Obispo lo recibió. Y cuando Juan Diego le abrió su tilma, cayó una cascada de fragantes flores a los pies del asombrado Obispo, y en la tilma apareció grabada la imagen de la Señora del Cielo, tal como Juan Diego la había visto en el cerro.

Cuenta la historia que Juan Diego fue encargado de la casa sagrada que se le construyó posteriormente a la Virgen de Guadalupe, como Ella lo había pedido, al pie del Tepeyac. En el centro de la misma se colocó Su Sagrada Imagen (que es la única representación de Su físico que la Santísima Virgen ha dado al mundo), donde se encuentra hasta nuestros dias.

Después de que este relato fuera conocido, especialmente a través de la publicación que el mismo Sánchez realizara, la Virgen de Guadalupe no permaneció como un símbolo puramente religioso. Posteriormente, la Guadalupana fue considerada madre de los mexicanos, a la par que símbolo de identidad nacional.

En la celebración del 12 de Diciembre, además de festejar a la Virgen de Guadalupe, los mexicanos celebramos nuestra identidad. Por eso, es importante que esta tradición se mantenga viva en nuestro país y pase de generación en generación. La Virgen de Guadalupe constituye un lazo indisoluble que une y unirá a los mexicanos para siempre y en cualquier parte del mundo. Si somos Guadalupanos, nosotros sabemos que somos hermanos.

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