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El holocausto migrante

27 de enero de 2020

Ellos no creen posible que tantas personas puedan desaparecer en un solo hecho y nadie vea ni sepa nada. Muchos de ellos se sienten engañados por las autoridades mexicanas: aseguran que no los han apoyado para recuperar a sus familiares

“Vine a México para encontrar a mi hijo”

“Yo vengo de Honduras. Yo decidí unirme a la caravana (Paso a Paso hacia la Paz) para ver si por ahí encontraba o podía saber algo de mi hijo que desapareció aquí en México, porque como sus familiares, el gobierno mexicano nos ha negado todo permiso para venir a buscarlo”, afirma tajante María de los Santos Ávila, originaria de esa nación centroamericana.

“Se llama José Armando Salgado. Hace dos años y medio hablé con él por teléfono por última vez. Me dijo que estaba en una parte que se llama Matamoros (ciudad fronteriza con Estados Unidos, en el estado de Tamaulipas) y no volví a saber de él.

“Dejó a sus hijos en Honduras y nunca llegó a Estados Unidos. Yo he tenido emoción (durante el viaje) porque en esta caravana muchas madres han encontrado a sus hijos y yo creo que así me puede pasar. Esa es mi esperanza. Yo le pido a Dios que me lo guarde, me lo cuide y me lo proteja”.

“Que indaguen qué hacen con los órganos”

“Yo quiero que investiguen, que indaguen qué están haciendo con los órganos y con los cuerpos de los migrantes que fallecen, porque llegan allá a Honduras todos desfigurados”, dice con muchas dudas al respecto María Teresa Espinoza, familiar de un migrante que supuestamente murió en el trayecto a la frontera norte de México.

“Mi hermano murió en su camino a Estados Unidos. Nos hablaron. Nos dijeron que iban a repatriar su cuerpo, pero el ataúd que nos mandaron casi no pesaba y se nos hizo raro. Estaba sellado cuando llegó. En la casa vimos la manera de cómo abrirlo porque no se podía. Mejor no
lo hubiéramos hecho. Mi hermano estaba todo desfigurado, sus órganos no estaban y sólo estaba la mitad de su cuerpo, de la cintura para arriba”, comentó horrorizada.

¿Qué es lo que les están haciendo (a los cadáveres de los migrantes)?, cuestionó la afligida mujer a las autoridades mexicanas”.

“Aquí juegan con la dignidad de los extranjeros”

“No voy a decir nombres, pero yo lo viví. Por eso hoy denuncio que el gobierno de México juega con la dignidad. En los ataúdes de la matanza de San Fernando (en Tamaulipas) enviaron restos de animales con arena, estaban putrefactos”, afirmó categórico el hijo de un migrante de El Salvador que no se identificó ante los senadores.

“Les dijeron a todos los familiares que tenían estrictamente prohibido abrir los ataúdes. Por supuesto que los abrieron y sólo encontraron pedazos de carne y no es justo que estén jugando con la dignidad de la gente pobre y humilde. Yo no voy a descansar para buscar a mi madre. Sólo pido al gobierno mexicano me de una visa, que me otorgue un permiso temporal para entrar a su país libremente para buscarla. Yo no había venido a México por el miedo, pero ahora que vine con la Caravana Paso a Paso hacia la Paz, quiero buscarla aunque sé que los riesgos que
corro son grandes”.

“Hace 12 años que no sé nada de mi niña”

“Vengo desde Honduras, de la ciudad de Tegucigalpa. Hace más de 12 años que no sé nada de mi niña, de mi hija”, dice con voz entrecortada Virginia Ávila, quien se unió a la Caravana
Paso a Paso hacia la Paz para buscar a su familia. “Ella iba para Estados Unidos y la última vez que me llamó estaba en México (sin precisar en que estado o ciudad). Se llama Maribel Ávila Flores y en e se entonces tenía 17 años”, narra la mujer hondureña.

“Venía acompañada con una amiga que ella sí pudo pasar a Estados Unidos y luego nos dijo que Maribel desapareció en Oaxaca. “Venimos cansados, rendidos, pero tengo la fe de que yo voy a encontrar a mi hija y que yo voy a llenar este vacío que tengo en mi alma”. Virginia Ávila comenta que no pierde la fe y que tiene el presentimiento de que va a hallar a su hija en este viaje, lo que le da fuerzas para seguir adelante hasta reencontrarse con su niña”.

“También se pierden mexicanos”

“Yo soy Verónica Coronilla Martínez y ando buscando a mi esposo, Héctor Castillo Salazar, y a unos primos, Antonio y Gregorio Coronilla Luna. Iban a trabajar como migrantes ilegales en Houston, porque aquí en México no encontraban trabajo y el dinero no nos alcanzaba”.

La mujer afirma que “del municipio donde vivimos (San Luis de la Paz, Guanajuato) salieron 23. La última vez que los ví fue el 21 de marzo. Salieron para Dolores Hidalgo. Ahí, un pollero los iba a llevar en un autobús y ya no supimos de ellos. Por eso hemos venido a exigirle al gobierno federal que investigue, porque en los estados y municipios no hacen nada.

“En una foto de la Policía Federal de un rescate de migrantes secuestrados identificamos a 13 de ellos, pero las autoridades no quieren darnos datos de su paradero. Queremos saber cuál fue el paradero de esas 68 personas. No es posible que tantas personas en un sólo hecho puedan desaparecer y nadie vea ni sepa nada”.

Fuente/Autor: Universal

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