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El gusto por saber

27 de enero de 2020

Los que tenemos hermanos, primos o sobrinos pequeños más de alguna vez hemos tenido que soportar su retahíla interminable de preguntas: -¿Para qué sirve esto?, ¿por qué te afeitas por las mañanas?, ¿cómo se llama la cosa por la que hablas con mamá?… Y a base de las respuestas surgen nuevas preguntas en una concatenación sin fin. Esto no es más que la evidente inquietud del ser humanos por saber.

El hombre desde que es hombre es inquieto. Y esta impaciencia se nota en la constante preocupación por saber. No sólo es una preocupación, sino un gusto. Ya lo decía Aristóteles: todos los hombres desean saber por naturaleza. No por nada el hombre se ha calificado a sí mismo como “homo sapiens sapiens”, es decir, el hombre que sabe.

Saber no es simplemente tener un montón de datos aprendidos de memoria que se olvidan en unas semanas si no se usan. La palabra saber viene del latín, “sapere”, que más que saber significa saborear, gustar. Y el que verdaderamente sabe, el sabio, es aquel que gusta y disfruta de lo que el hombre ha producido a lo largo de su existencia por esta tierra. Es aquel que se esfuerza por comprender la evolución del ser humano y así entender mejor el mundo que el rodea.

El sabio es el que mueve la voluntad de las personas, porque las personas no se mueven sino con ideas y el sabio es el fabricante de ideas. Saber no es más que apoyarse en los hombros de los gigantes que nos han precedido en el conocimiento y que han dado pasos significativos en el progreso del hombre. Desde aquí el sabio puede ver algo de la maravilla del Creador y puede dar algo bueno de sí al mundo.

El sabio no es el que se queda enfrascado simplemente en su competencia y no sale de ahí. “Es que yo soy cardiólogo y lo demás no me importa”. Es una actitud muy cerrada porque nos da una visión del mundo muy angosta. Esta es la “barbarie de la especialización” de la que hablaba Ortega y Gasset. No nos vaya a ocurrir como a un estudiante estadounidense (no es que tenga algo contra el querido pueblo norteamericano), que se estaba especializando en el funcionamiento de un tipo de máquinas, pero que no sabía ni siquiera localizar en el mapa dónde estaba España.

Todos debemos saber algo de música, pintura, escultura, arquitectura, literatura, química, física, álgebra, geometría, anatomía, idiomas, filosofía… No tenemos por qué ser unos expertos, pues todo esto es parte del saber humano, y mientras más sepamos, seremos hombres más íntegros.

Es cierto que el saber es actualmente inmenso Es imposible encontrar en nuestros días a un Isidoro de Sevilla que sea como la biblioteca de todo el saber, un erudito en todas las materias, porque el conocimiento del hombre ha avanzado tanto que para triunfar es necesario centrarse en algo concreto. Pero de esto a una indiferencia o agresión a lo que no sea mi materia; hay un abismo de diferencia porque somos hombres y nada de lo humano nos tiene que ser indiferente.

Fuente/Autor: Rodrigo Martínez Murillo

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