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EL ENCUENTRO

27 de enero de 2020

Mi relación con Jesucristo es de suprema importancia, porque yo soy su discípulo. En el presente ejercicio trato de profundizar dicha relación.

Imagino que me dicen que voy a encontrarlo en lo alto de una solitaria montaña, y salgo para el lugar de inmediato…
¿Qué sentimientos nacen en mi interior cuando pienso que pronto voy a encontrarme con Jesucristo? . . .

En la soledad de mi montaña me entretengo en contemplar la llanura que se extiende allá abajo… cuando, de pronto, adquiero conciencia de que él está allí…
¿De qué manera se me muestra? . . .
¿Y cómo reacciono en su presencia? . . .

Le hablo acerca de nuestra amistad:
Es mejor empezar por la parte negativa: los sentimientos negativos que, por lo general, experimenta uno hacia un amigo, son principalmente dos: resentimiento y temor.

Mi amigo me ofende cuando se convierte en una carga…
cuando me plantea exigencias que no deseo satisfacer; cuando se hace absorbente;
cuando limita mi libertad;
cuando me niega lo que deseo o necesito.

Si albergo resentimientos en mi interior, mi relación puede mejorar tomando conciencia de ellos.
Así pues, me pregunto si Jesús es una carga: ¿es la clase de amigo cuyas exigencias producen sentimientos de culpabilidad… que me presiona, que me pide cosas que no estoy dispuesto a hacer…, que con su carácter posesivo restringe mi libertad?…
Si es así, se lo digo abiertamente… y escucho su respuesta… hasta que comprendo que no es en él donde radica la dificultad, sino en la falsa imagen que yo tengo de él…

La otra emoción negativa es el temor: Le dejo a Jesús que me explique que, si yo le temo, es que aún me falta comprender la incondicionalidad del amor… que sentirse incondicionalmente amado significa saber que el amor perfecto pone fin a todo temor…

Una vez resueltas nuestras diferencias, pasamos a examinar la relación en sí:

¿Qué adjetivos definirían mejor nuestra amistad? … Puede que sean negativos, ambiguos y hasta contradictorios… pero, si se corresponden con la realidad, su grado de adecuación contribuirá a profundizar la relación.

¿O qué comparaciones?… Ambos decidimos qué imágenes son más aptas para simbolizar nuestra amistad…

Pasamos del presente al pasado.
Pienso en lo que Jesucristo ha significado para mí en mi niñez…
y en las diversas fases de mi crecimiento… Pienso en los altibajos por los que ha pasado nuestra relación…

Pero nuestra relación exige algo más: Que yo explicite mis expectativas con respecto a él lo que espero que él haga y sea para mí… y lo que yo deseo de él…

Y le pregunto lo que él espera de mí…

Ha llegado para él el momento de marchar, de modo que ambos miramos al futuro:
¿Qué clase de futuro deseamos que tenga nuestra relación?…
¿Hay algo concreto que yo pueda hacer al respecto?…

La Presencia se desvanece y yo permanezco un tiempo en la montaña para saborear durante unos instantes el estado de ánimo que el encuentro con Jesús ha provocado en mí.

Fuente/Autor: Anthony de Mello

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