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El Alfiler y la Aguja

27 de enero de 2020

Un alfiler y una aguja encontrándose en una cesta de labores y no teniendo nada qué hacer,
empezaron a reñir, como suele suceder entre gentes ociosas, entablándose la siguiente disputa:

-¿De qué utilidad eres tú? –dijo el alfiler a la aguja-; y ¿cómo piensas pasar la vida sin cabeza?-

Y a ti –respondió la aguja en tono agudo-, ¿de qué te sirve la cabeza si no tienes ojo?

-¿Y de qué te sirve un ojo si siempre tienes algo en él?

-Pues yo, con algo en mi ojo, puedo hacer mucho más que tú.

-Sí; pero tu vida será muy corta, pues pende de un hilo.

Mientras hablaban así el alfiler y la aguja, entró una niña deseando coser,
tomó la aguja y echó mano a la obra por algunos momentos;
pero tuvo la mala suerte de que se rompiera el ojo de la aguja.
Después cogió el alfiler, y atándole el hilo a la cabeza, procuró acabar su labor;
pero tal fue la fuerza empleada que le arrancó la cabeza

y disgustada lo echó con la aguja en la cesta y se fue.

-Conque aquí estamos de nuevo –se dijeron-,

parece que el infortunio nos ha hecho comprender nuestra pequeñez;
no tenemos ya motivo para reñir.-

¡Cómo nos asemejamos a los seres humanos que diputan acerca de sus dones y aptitudes
hasta que los pierden, y luego . . . echados en el polvo, como nosotros,
descubren que son hermanos!

Dios en su sabiduría no nos ha hecho iguales.

Somos diferentes y a cada uno le dio dones y ministerios.
¿Ya conoces tus dones?
¿ Ya estas ejerciendo tu ministerio?
¿O estás queriendo copiar a otro?
¿O pierdes tu tiempo juzgando de la validez de los dones de los demás?
Recuerda, eres único. Dios te hizo así.
Y lo mismo vale para los demás.

Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo.
Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo.
Y hay diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios
el que hace todas las cosas en todos.
Pero a cada uno se le da la manifestación del Espíritu para el bien común.

1 Cor 12:4-8

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