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01/27/2020
TEMAS EJERCICIOS CUARESMALES JÓVENES 2007
01/27/2020

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EJERCICIOS ESPIRITUALES PARA JÓVENES 2007

27 de enero de 2020

Vamos editando en esta sección cada día uno de los 5 Temas.

TEMA 1
“DIOS TE AMA Y QUIERE LO MEJOR PARA TI”

OBJETIVO:
Qué los jóvenes tomen mayor conciencia del grande Amor que Dios les tiene y les ha manifestado en su Hijo Jesucristo para que con un corazón nuevo respondan a ese Amor: dejándose amar por Él.

 Dar la bienvenida a los jóvenes y felicitarlos porque se han dado la oportunidad de vivir esta semana tan especial y única, pues no hay nada más importante y trascendente que estar, escuchar y hablar con Dios.

ORACIÓN INICIAL:
 Crear un ambiente que favorezca la reflexión e interiorización.
 Leer pausadamente el pasaje del Evangelio de San Juan 3, 16-21.
 Dejar unos momentos de silencio, invitando a los jóvenes a que hagan eco de la Palabra proclamada en sus corazones.
 En este clima de intimidad con Dios, motivar a los jóvenes a revalorar la importancia de los ejercicios cuaresmales, así como las actitudes para vivirlos intensamente esta semana.
 Terminar este momento recitando el Padre Nuestro.

MOTIVACIÓN:
Los Ejercicios Espirituales son un tiempo de gracias y bendiciones, porque tenemos mucho a nuestro favor para “buscar la voluntad de Dios” en nuestras vidas. Voluntad que se puede encontrar. Y en esa búsqueda se pone en juego la libertad, y la libertad se fortalece ejerciéndola.
Hay en nosotros una zona que no es auténtica, que no es la Voluntad de Dios, y para éstos son los ejercicios: quitar y arrancar todo aquello que nos impide vivir el querer de Dios, alcanzar la plenitud… “Es el modo de preparar y disponer el alma” (San Ignacio de Loyola). Pero no a fuerza de ideología o empeño voluntarista, sino a través de afectos de Jesús, apegarnos a Jesús; dejarnos sentir por Jesús.
Dios, por su Espíritu, entra en nosotros para hacernos criaturas nuevas; la iniciativa es de Dios; el amor de Dios genera en nosotros amor. “Dejarnos conducir por el Espíritu” (Gál 5,16) que nos muestra el sentido de la perfección y el dolor de la imperfección. Nos da miedo enfrentarnos a nuestra realidad y vernos con verdad, y buscamos huir mediante miles de excusas: lo de siempre, el platicar, la cobardía ante el cambio de vida… El que tenga oídos que oiga, el que desea hacer en su vida la voluntad de Dios, la va a escuchar y con su gracia la hará realidad.
Se trata de aprender a ver la vida y mi vida como Dios la ve. Aprender a ver mi vida joven como Dios la ve, aprender a ver mi familia, trabajo, amigos, vocación, sociedad… como Dios lo ve. Dar la espalda a lo cotidiano y andar a lo desconocido. Confrontar nuestros valores, seguridades, motivaciones… porque solemos ser muy hábiles para autojustificarnos, vivir siempre escondidos en mecanismos de defensa, o buscar sólo compensaciones psicológicas…
Jóvenes siempre en camino, nunca instalarnos, acomodarnos, acampar…sino siempre en marcha hacia el querer de Dios. Es preciso revisar continuamente nuestras posturas, convicciones, valores, opciones, prácticas, status, motivaciones más profundas… pues la conversión es de toda la vida, y siempre existe la posibilidad del riesgo de sentirnos salvadores, y pocas veces de sentirnos necesitados de ser salvados. No absolutizar nuestra vida, sino siempre en relatividad con el Absoluto. Démonos la oportunidad de crecer y madurar según el querer de Dios, y que sea frecuente esa oportunidad. Para eso necesitamos afinar el oído y el corazón a la escucha de Dios; ya que con frecuencia queremos tanto hablar con Dios que no escuchamos lo que Él nos está diciendo. No es fácil escuchar; con demasiada frecuencia en nuestras plegarias procuramos decir dónde nos equivocamos y lo que nos gustaría que nos sucediera. Pero el Señor ya sabe todo esto, y a veces nos pide apenas que escuchemos lo que el universo nos dice…
Vamos iniciando esta semana de Ejercicios con la conciencia de estar ante Dios, pero desprogramados, descalzos, desnudos, sin “paros”. En actitud pronta a partir, sin tiempo para despedidas. El Buen Dios te dice: “ahora te hago saber cosas nuevas…” (Is 48,6). “¿No lo notas?” (Is 43,19). Dios nunca vuelve, siempre viene: “Ahora”.
Gran disponibilidad, que Dios nos habla con una palabra única a cada quien; palabra quizá ya pronunciada de tiempo atrás, pero jamás escuchada:
¡Atentos, jóvenes, que se pronuncia de nuevo!

ILUMINACIÓN:
¡Dios te ama y quiere lo mejor para ti!
“Aun antes de que cualquier ser humano nos viera, hemos sido vistos por los ojos amorosos de Dios. Aun antes de que alguien nos oyera llorar o reír, hemos sido escuchados por nuestro Dios, que es todo oídos para con nosotros. Aun antes de que alguien en este mundo nos hablara, la voz del amor eterno ya nos hablaba. Nuestra preciosidad, unicidad e individualidad, nonos han sido dadas por los que encontramos a lo largo de nuestra breve existencia cronológica, sino por Aquel que nos ha elegido con infinito amor, un amor que existe desde toda la eternidad y que durará por toda la eternidad” (Henri J.M. Nouwen).
Tenemos un origen y una meta común: Dios. Nuestro Dios sueña con nosotros, tiene un sueño desde la eternidad. Sueño que se hace realidad si damos nuestro consentimiento. El corazón de la autorevelación de Dios es llamarnos a la comunión con Él. Amados para estar en su amor.
Dios nos ha creado por amor gratuito de su providencia, y en su infinito amor desea que todos y cada uno de los seres humanos vivamos eternamente junto a Él. Nuestro Dios es un Dios que gratuitamente nos comparte su existencia y de la nada nos ha creado con la finalidad de que gocemos de su Amor eternamente (Cfr. CIC 356). Es una oferta de vida y felicidad en plenitud (Cfr. Jn 10,10). Dios ama a cada uno personalmente, Dios quiere lo mejor para el hombre, y con su infinito poder le pone todo en sus manos.
Dios te llama personalmente por tu nombre a la existencia “No temas. Te he llamado por tu nombre, tú eres mío. Eres precioso a mis ojos, eres estimado y Yo te amo. No temas, que Yo estoy contigo” (Is 43,1-5) y te quiere llevar a la realización plena de su plan amoroso y saciar los anhelos más profundos de tu corazón: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10).
Todo cuanto existe ha sido creado por Dios, y ha sido creado bueno, muy bueno (Cfr. Gn 1,4.10.12.18.21.31). Pero su amor por nosotros no sólo se muestra en la creación (Cfr. CIC 299), sino ante todo por la nueva creación (redención), haciéndonos criaturas nuevas por los méritos de Jesucristo, su Hijo amado (Cfr. Ef 2,5). Dios es amor; y nos ha manifestado el amor que nos tiene enviando al mundo a su Hijo único, para que vivamos por él (Cfr. 1 Jn 4, 8-9). Se trata de un amor que es eterno “Con amor eterno te he amado” (Jr 31,1). Es más, “Dios mismo es una eterna comunicación de amor: Padre, Hijo y Espíritu Santo, y nos ha destinado a participar de Él” (CIC 221). El sentido de la vida nace de la contemplación de Cristo crucificado y del amor que manifiesta y suscita: “así se ama”. La experiencia de este amor gratuito de Dios en el hombre es hasta tal punto tan íntimo y fuerte que lo mueve a responder con la entrega incondicional de su vida, consagrándolo todo, presente y futuro. Y es de este amor de donde se deriva el origen, el fundamento y el horizonte de nuestra vida.
Dios invita al ser humano a realizarse plenamente y le promete un camino, una ruta que lo llevará a participar de la misma vida de Dios. Dios explica al hombre sus orígenes y le da las bases para vivir el presente abierto al futuro con gran paz y gozo, pues el hombre en Dios encuentra su razón de ser. “Dios, invisible por la abundancia de su amor, habla a los hombres como amigos y trata con ellos, a fin de invitarlos y recibirlos en su compañía (…) por mediación de Cristo, la Palabra hecha carne y en el Espíritu Santo, los hombres pueden llegar al Padre y participar de la naturaleza divina” (DV 2).

Jesucristo plenitud de la revelación y del amor de Dios
La forma más clara y cercana con que Dios se nos ha revelado ha sido a través de su mismo Hijo.
“Muchas veces y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros antepasados por medio de los profetas, ahora en este momento final nos ha hablado por medio del Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien hizo también el universo” (Heb 1,1-2).
Y se nos ha revelado como Amor.
“Dios nos ha manifestado el amor que nos tiene enviando al mundo a su Hijo único, para que vivamos por él. El amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados” (1 Jn 4,9-10).
Dios en Jesucristo se nos da conocer como un Dios que nos ama. Él es la Palabra de Dios, que se hizo carne y habitó entre nosotros; es el “Dios-con-nosotros” (Mt 1,23). Contemplar a Jesucristo es contemplar al Padre “El que me ve a mí ve, ve al Padre” (Jn 14,9). El amor de Dios llega al extremo de darnos a su Hijo el cual da la vida para la salvación del hombre. Lo escuchamos en la oración al iniciar este encuentro.
Jesús nos invita constantemente a participar de su vida inagotable, nos brinda su amistad de hermano, de amigo, de Redentor, porque nos ha salvado al precio de su sangre. Su presencia permanente entre nosotros es la prueba suficiente de que Dios “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tim 2,4).
Toda la vida, actitudes, palabra, acciones… y sobre todo el misterio de su muerte y resurrección son expresiones claras y tajantes de su Amor. Contemplar a Jesucristo es contemplar a Dios, y en Él el gran Amor que nos tiene:
Jesucristo es Dios de los hombres, de todos los hombres, su mandamiento existe por amor al hombre (Cfr. Mc 2,27; 3,4). Por eso el amor a Dios y al hombre es esencia de la voluntad de Dios (Cfr. Mc 12, 30). Su amor a los demás vale para que los hombres reconozcan la bondad de Dios y lo alaben (Cfr. Mc 2,12). Se acerca a las personas de manera personal, siente y vive la situación del otro. Escucha con paciencia y partiendo de las situaciones y realidades concretas comunica su mensaje con un lenguaje apropiado a quienes se dirige, empleando signos y ejemplos fáciles de entender y creer. Ofrece su amistad como base para construir buenas relaciones que nos llevan a convivir, compartir y celebrar la vida y la fe. Cree en las posibilidades de cada persona.
Jesús es libre para amar, no ha venido a ser servido, sino a servir (Cfr. Mc 10,45). Toda su vida es “desvivirse” por los demás. No encontramos nunca a Jesús actuando egoístamente en busca de su propio interés. Es un hombre libre para los demás, un “hombre-para-todos”. Su amor es universal (Cfr. Lc 10,29-37); sincero y servicial (Cfr. Lc 22,27); traducido en perdón para sus asesinos (Cfr. Lc 23,34).
A Jesús lo vemos conviviendo y ofreciendo el Reino a la gente sospechosa, publicanos, ladrones, prostitutas, leprosos… (Cfr. Lc 7,36-50); a los débiles, a los niños (Cfr. Mc 10,13-16), a las mujeres (Cfr. Lc 8,2-3; 10,38-40); a los paganos y a los samaritanos (Cfr. Lc 9,51-55); en fin siempre tiene una palabra de esperanza y de libertad para todos. Acogida, compasión, comprensión y perdón fueron las actitudes habituales de Jesús en relación a aquella multitud de necesitados que se le acercaban cada día.
Para Jesús la pobreza y la enfermedad no son castigo de Dios; más bien Dios ama a los pobres y enfermos. Va detrás de los perdidos (Cfr. Lc 15). Lo más llamativo ya entonces era que admitía en su compañía y hasta a su mesa también a los pecadores y marginados, a los culturalmente impuros y los miserables. Más aún, en ningún momento aparece con odio o envidia frente a los ricos; a más de uno lo llamó incluso a su círculo íntimo de discípulos (Cfr. Mc 2,13-17).
Su presencia y palabra cuestiona a las personas, pero con un profundo respeto al proceso de cada quién sin sacar a la gente de su propia historia para que llegue a creer, más bien incitaba a aceptar su realidad y luego a cambiar y a ajustar su modo de pensar y de ser de acuerdo al plan de Dios.
Nos enseña el amor del Padre y nos enseña a amar, amándonos hasta dar la vida por nosotros.
¿Cómo me ama Dios?
El amor de Dios es un amor que origina mi vida y mi destino.
Me ama de manera íntima donde yo soy más yo: tal como soy, con mis cualidades y virtudes, con mis debilidades y defectos, con mis pensamientos y acciones.
Me ama de modo fiel: siempre y jamás me abandona. A pesar de mis infidelidades, resistencias, negaciones jamás me deja de amar.
Me ama de modo respetuoso: respeta siempre mis decisiones y valora mi libertad. No me manipula ni me chantajea
Me ama de modo gratuito: con un amor mayor de lo que imagino y merezco. No me pide nada para merecer su amor, basta que me deje amar por Él.
Me ama de modo personal: se me da a conocer en plenitud a través de su Hijo, a quién puedo oír, palpar, sentir, ver.
Me ama de modo paternal: es Padre misericordioso y providente que me trata como hijo, con todos los privilegios.
Me ama de modo creativo: con cariño, atención, detalles, afecto, preferencias.
¡Si lo comprendiéramos y sintiéramos este Amor!

SITUACIÓN EN QUE VIVIMOS:
Toda persona lleva en sí misma el deseo natural de encontrar a Dios, de sentirse amados por Él, de entrar en comunión con Él. Pero con frecuencia el ser humano, creado por Dios y para Dios, rechaza esta relación, este amor y plan salvífico. Una de las causas de este rechazo o alejamiento de Dios se debe a los razonamientos erróneos e ideas equivocadas que se suelen tener de Él, hasta el punto de fabricarse “dioses” a la propia medida y antojo. ¡Claro! si no nos apoyamos en lo que Él nos ha revelado de modo tan claro y definitivo en Jesucristo, su Hijo amado, es muy fácil tener ideas falsas sobre Él, y por consiguiente no abrirnos a su amor. “Nadie ama lo que no conoce”. Y quien no conoce a Dios, difícilmente se sentirá amado por Él y más difícil aún le será amarlo.
Algunas de las ideas falsas de Dios –y de Jesucristo- más comunes entre los jóvenes son:
– el Dios-Juez, castigador, terrible y vengativo.
– el Dios-Amo, lejano y desentendido del mundo y de las personas.
– el Dios-Mago, a quien se encuentra a través del espiritismo, la magia y la superstición.
– el Dios-Policía, que sólo aparece cuando infringimos sus leyes (pecado).
– el Dios-Milagrero, a quien se le busca sólo para solicitar favores imposibles.
– el Dios-Abuelo, quien justifica nuestra conducta, aunque no sea buena; o quien nos soluciona todos los problemas sin nuestro esfuerzo.
– el Dios-Injusto, que permanece mudo y silencioso ante el sufrimiento del inocente, y protege al opresor. Que no puede o no quiere eliminar el mal.
– el Dios-Todo, a quien se identifica con las obras de la creación. Se identifica a Dios con la naturaleza, llamándole energía, vibra, karma, new age, etc.

– ¿Qué otras ideas se tienen de Dios en nuestros ambientes?
– ¿Quién es Dios para mí?
– ¿Qué tanto conozco a Jesucristo?

COMPROMISO:
Ante el amor de Dios sólo dos respuestas posibles: la aceptación o el rechazo; intentar la comprensión de los motivos por los que uno es amado es empezar a perder el amor que se ha descubierto. En vez de buscar una explicación racional al amor que Dios nos tiene, deberíamos hoy contemplar ese amor y callarnos aceptándolo agradecidos, y si lo aceptamos de rodillas, mucho mejor. Dios nos ama por que sí, no pretendamos ser buenos para merecer o ganar el amor de Dios, el nos ama aunque a veces no seamos dignos de su amor.
Contemplar mi pasado, mis ayeres, mis vivencias, mis recuerdos: es descubrir el modo como Dios me ama y me alienta hoy, con nuevos y frescos modos de su presencia que llenan de luz cada momento y me guían hacia un futuro y un mañana esperanzador hacia la plenitud. Dios nunca dejará de amarnos y por eso viene a nuestro encuentro cada día y de muchas maneras. (De estos encuentros amorosos con el Dios de Jesucristo compartiremos el día de mañana).

 ¿Me siento amado por Dios?
 ¿Qué me impide abrir mi corazón al amor de Dios?
 ¿Cómo responderé al amor de Dios?

ORACIÓN FINAL:
 Escuchar las palabras que Papa Juan Pablo II dirigió a los jóvenes en 1980:

“Abrid de par en par vuestras puertas a Cristo. ¿Qué teméis? Tened confianza en Él. Arriesgaos a seguirlo. Eso exige evidentemente que salgáis de vosotros mismos, de vuestros razonamientos, de vuestra “prudencia”, de vuestra indiferencia, de vuestra suficiencia, de costumbres no cristianas que habéis quizá adquirido. Sí; esto pide renuncias, una conversión, que primeramente debéis atreveros a desear, pedirla en la oración y comenzar a practicar. Dejad que Cristo sea para vosotros el Camino, la Verdad y la Vida. Dejad que sea vuestra salvación y vuestra felicidad. Dejad que os ocupe toda vuestra vida para alcanzar con Él todas sus dimensiones, para que todas vuestras relaciones, actividades, sentimientos, pensamientos sean integrados en Él o, por decirlo así, sean “cristificados”. Yo os deseo que con Cristo reconozcáis a Dios como el principio y fin de vuestra existencia”.

 Dejar unos momentos de silencio para reflexión personal en base a lo que el Señor nos ha compartido en este encuentro.
 COMPROMISO: Invitarlos a que esta noche antes de dormir hagan una oración o una carta “de gratitud” a Dios, diciéndole o escribiendo en qué y cómo en este día que termina experimentaron su Amor.
 Posteriormente cantar o escuchar el canto “Nadie te ama como yo”.
 Terminar con la siguiente oración:

El “hijo mío”, dicho por Dios
Hijo mío, que estás en el mundo, preocupado, solitario y tentado;
Conozco bien tu nombre y lo pronuncio santificándolo, porque te amo.
Nunca te dejaré solo;
yo habito en ti y juntos compartiremos el reino de la vida
que te daré en herencia.
Me da gusto que hagas mi voluntad,
porque yo quiero tu felicidad.
Tendrás el pan de cada día, no te preocupes;
pero te pido que lo compartas con tus hermanos.
Quiero que sepas que te perdono todos tus pecados,
aun antes que los cometas,
pero te pido que tú también les perdones a los que te ofenden.
Y, para no caer en la tentación, toma mi mano con toda tu fuerza
y te libraré del mal, mi querido hijo. Amén.

Fuente/Autor: Pastoral Juvenil Arquidiócesis de Guadalajara

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