Para salir de una pandemia, es necesario cuidarse y cuidarnos mutuamente.

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01/27/2020
TEMAS EJERCICIOS CUARESMALES JÓVENES 2007
01/27/2020

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EJERCICIOS ESPIRITUALES PARA JÓVENES 2007

27 de enero de 2020

Vamos editando en esta sección cada día uno de los 5 Temas.

TEMA 2
LOS ENCUENTROS CON JESÚS, ENCUENTROS DE SALVACIÓN.

OBJETIVO:
Que los jóvenes descubran en los encuentros con Cristo un sentido más pleno para su vida y sintiéndose amados por Dios, se conviertan en hombres y mujeres de corazón renovado siempre dispuesto a seguirle.

ORACION INCIAL:
 Acondicionar el lugar donde será la reunión de tal forma que ayude a la meditación personal. Prevé todo lo necesario para que sea fluida y sea un encuentro con Jesús.

Guía: Hoy nos reunimos para encontrarnos con Jesús, en la Sagrada Escritura, en las celebraciones y enseñanza de la Iglesia, en el silencio de la oración y en el compartir con nuestros hermanos. Llenos de gratitud con Dios que nos ama y que en su Hijo nos regala la Salvación, dispongámonos a vivir este momento de oración.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen.
Creo, Dios mío, que estoy en tu presencia,
que me miras y escuchas mis oraciones.
Tú eres infinitamente grande y Santo, yo te adoro.
Tú me lo has dado todo, yo te doy gracias.
Tú has sido ofendido por mí,
yo te pido perdón de mis pecados.
Tú eres la misericordia infinita,
yo te pido todas las gracias que consideres útiles para mí.

Guía: Es un momento de oración personal con Jesús, platica con él. Compártele cómo te ha ido en este día. Quién o qué fue lo que hoy te ha hecho feliz. Tus angustias, tus frustraciones, tus desvelos o conflictos. Tu sentir sobre lo que te rodeó y lo que te cuestiona. Platícale todo lo que quieras aprovecha estos minutos para dialogar con él.
Fruto del silencio es la oración; fruto de la oración, la fe; fruto de la fe, el amor; fruto del amor, el servicio; fruto del servicio, la paz. Éste es el camino del encuentro con Jesús. Vamos al encuentro de todos los sufrimientos humanos con la fuerza de nuestra juventud y con el amor que Dios infunde en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo. El mundo tiene necesidad urgente del gran signo profético de la caridad fraterna.
Guía: Jesucristo ha querido permanecer entre nosotros, alabémosle de todo corazón. Y a cada aclamación respondemos: R= Te alabamos y te bendecimos.
Cristo, Maestro y Salvador del hombre. R=
Cristo, Mesías enviado al mundo. R=
Cristo, Fuente de la divina sabiduría. R=
Cristo, Buena Noticia para el pobre. R=
Cristo, Médico de los enfermos. R=
Cristo, Palabra de Verdad. R=
Cristo, Luz de la gracia. R=
Cristo, Pan bajado del cielo. R=
Cristo, Misterio Pascual. R=
Cristo, Muerto y Resucitado por nosotros. R=
Cristo, Sacramento de nuestra fe. R=
Cristo, Presencia permanente entre nosotros. R=
Guía: Pidamos al Padre del Cielo, diciendo la oración que Cristo nos enseño: “Padre nuestro…”

MOTIVACIÓN:
 Busca que este momento sea muy didáctico en su exposición. Utiliza todos los recursos que te puedan ayudar a clarificar las ideas que se expresen en las citas bíblicas. * Ya sea dividiendo el total de los asistentes en grupos de reflexión * Eligiendo una cita y reflexionarla en forma de narración, * o si deseas expresar las actitudes y características de los encuentros con Cristo descritos en las citas, con gráficas, dibujos, etc., es tu opción. Para cualquiera de las sugerencias es recomendable hacer las preguntas que aparecen al término de este momento.

A veces, ¿han sentido la necesidad de estar solos?, pero también hay veces, -y son muchas más- en que quisiéramos estar con los demás: ¡qué lindo es pasear, ir a una fiesta, conversar con los amigos, hacer planes juntos! Nos damos cuenta de que necesitamos la compañía de los demás porque, sin ellos, no se podría hacer casi nada.
Siempre necesitamos de alguien que esté cerca de nosotros, especialmente si ese alguien es una persona que nos orienta, nos alegra, nos apoya, nos ayuda, nos da ánimo, nos consuela, nos hace sentir la vida como algo bueno y siempre nuevo. Si la presencia de algunas personas puede significar para nosotros todo eso, ¡cuánto más la presencia de Jesús vivo!
Y, de hecho, lo tenemos con nosotros. Jesús Resucitado vive en medio de nosotros y nos acompaña en el camino de la vida. La resurrección de Jesús no sólo es algo que sucedió hace dos mil años, sino también algo que es acontecimiento hoy y es esencial para nuestra vida.
Jesús sale a nuestro encuentro todos los días, a todas horas y en los modos que menos imaginemos. Un Dios amor que sale en busca de la oveja perdida, que cree que es ella quien encontró al Señor, no sabiendo que es el Señor que ya la esperaba.
Los Evangelios relatan numerosos encuentros de Jesús con hombres y mujeres de su tiempo. Una característica común a todos estos episodios es la fuerza transformadora que manifiestan y tienen los encuentros con Jesús, ya que “abren un auténtico proceso de conversión, comunión y solidaridad” (Cfr. EA 8). Entre los más significativos están:
* La mujer samaritana (Cfr. Jn 4,5-42) Jesús la llama para saciar su sed, que no era sólo material, pues, en realidad, “el que pedía beber, tenía sed de la fe de la misma mujer”. Al revelarle Jesús su mesianidad, la samaritana se siente impulsada a anunciar a sus conciudadanos que ha descubierto al Mesías.
* Cuando Jesús se encuentra con Zaqueo (Cfr. Lc 19,1-10) el fruto más preciado es su conversión: éste, consciente de las injusticias que ha cometido, decide devolver con creces –el cuádruplo- a quienes había defraudado. Además asume una actitud de desprendimiento de las cosas materiales y de caridad hacia los necesitados, que lo lleva a dar a los pobres la mitad de sus bienes.
* Gracias al encuentro con el Resucitado, María Magdalena supera el desaliento y la tristeza causados por la muerte del Maestro (Cfr. Jn 20,11-18). En su nueva dimensión pascual, Jesús la envía a anunciar a los discípulos que Él ha resucitado.
* Los discípulos de Emaús, después de encontrar y reconocer al Señor resucitado, vuelven a Jerusalén para contar a los apóstoles y a los demás discípulos lo que les había sucedido (Cfr. Lc 24,13-35) Los dos discípulos reconocerían mas tarde que su corazón ardía mientras el Señor les hablaba en el camino explicándoles las Escrituras (Cfr. Lc 24,32).
* Entre los encuentros con el Señor resucitado, uno de los que han tenido un influjo decisivo en la historia del cristianismo es, sin duda, la conversión de Saulo, el futuro Pablo y apóstol de los gentiles, en el camino de Damasco. Allí tuvo lugar el cambio radical de su existencia, de perseguidor a apóstol (Cfr. Hch 9,3-30; 22,6-11; 26,12-18).

 Para responder en grupo o en plenario general:
-¿Cuál es la actitud de Jesús en estos encuentros personales?
-¿Cuál es la actitud de los personajes que aparecen en las citas?
-¿Qué característica tiene un encuentro con Cristo?
-¿Qué es lo que más respeta Jesús cuando se encuentra con alguien?
-¿De qué forma cambia la vida de aquellos con los cuales se encuentra Jesús?

La invitación del Señor respeta siempre la libertad de los que llama. Hay casos en que el hombre, al encontrarse con Jesús, se cierra al cambio de vida al que Él lo invita. Fueron numerosos los casos de contemporáneos de Jesús que lo vieron y oyeron, y, sin embargo, no se abrieron a su palabra.
El Evangelio de San Juan señala el pecado como la causa que impide al ser humano abrirse a la luz de Cristo. Otros enseñan que el apego a las riquezas es un obstáculo para acoger el llamado a un seguimiento generoso y pleno de Jesús; un ejemplo de ello es el joven rico.

ILUMINACIÓN:
 La reflexión está dividida en tres tiempos. Primero haz la exposición del tema, busca hacerla lo más didáctica posible. Cuando llegues al punto B) invita a los asistentes a participar en una dinámica en pleno. Al término de ésta, reúnelos en un lugar que previamente haz acondicionado para la oración final.

a) Exposición del tema
¿Cómo son los encuentros con Cristo? ¿Por qué son convenientes?
La riqueza de nuestra juventud, entre otras cosas, se basa en descubrimientos muy importantes que van marcando la vida. Cada cual se descubre a sí mismo, su propia personalidad, el sentido de la propia existencia, la realidad del bien y del mal. Descubrimos, igualmente, todo el mundo que nos rodea, el mundo de los hombres y el mundo de la naturaleza. Y en medio de todos estos descubrimientos, no podrá faltar uno fundamental: el descubrimiento personal de Jesucristo. Descubrir a Cristo, nuevamente, y cada vez mejor, es la aventura más maravillosa de nuestra vida. Jesús ha venido para dar la respuesta definitiva al deseo de descubrir lo que nos rodea, a saciar esa necesidad de amor, de trascender, de ir más allá de todo lo soñado.
En el camino de nuestra vida cotidiana podemos buscar al Señor, como los discípulos que, acudiendo a la orilla del Jordán para escuchar las palabras de Juan el Bautista, vieron como indicaba que Jesús de Nazaret era el Mesías, el Cordero de Dios. Ellos, llenos de curiosidad, decidieron seguirle a distancia, casi tímidos y sin saber qué hacer, hasta que Él mismo, volviéndose, preguntó: “¿Qué buscas?”, suscitando aquel diálogo que dio inicio a la aventura de Juan, de Andrés, de Simón “Pedro” y de los otros apóstoles (Cfr. Jn 1,29-51). Precisamente en aquel encuentro sorprendente, descrito con pocas y esenciales palabras, encontramos el origen de cada recorrido de fe. Es Jesús quien toma la iniciativa. Cuando Él está en medio, la pregunta siempre se da la vuelta: de interrogadores se pasa a ser interrogados, de “buscadores” nos descubrimos “encontrados”; es Él, de hecho, quien desde siempre nos ha amado primero (Cfr. 1 Jn 4,10). Ésta es la dimensión fundamental del encuentro: no hay que tratar con algo, sino con Alguien, con “el que Vive”. Jesús ha salido al encuentro de los hombres, ha curado a enfermos y a los que sufren, ha liberado a endemoniados y resucitado a muertos. Se ha entregado a sí mismo en la cruz y ha resucitado, manifestándose de esta forma como el Señor de la vida. “Yo soy la vida” (Jn 14, 6), y también: “Yo he venido para que tengan vida” (Jn 10, 10).
Según una sugestiva expresión de san Agustín, “Cristo ha querido crear un lugar donde cada hombre pueda encontrar la vida verdadera”. Este “lugar” es su Cuerpo y su Espíritu. Él está por encima de todas las aspiraciones que pueden nacer en el corazón humano (Cfr. 1 Cor 2, 9).

¿Qué implica o qué sucede cuando nos encontrarnos con Cristo?

 RECONOCER A CRISTO COMO VERDAD ADSOLUTA
Cristo es la Palabra de Verdad pronunciada por Dios mismo como respuesta a todos los interrogantes del corazón humano. Es Él quien nos revela plenamente el misterio del hombre y del mundo. Jesús es un amigo exigente que indica metas altas, pide salir de uno mismo para ir a su encuentro, entregándole toda la vida: “quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvarᔠ(Mc 8,35). Esta propuesta puede parecer difícil y en algunos casos incluso puede dar miedo. Pero venciéndolo descubriremos la verdad sobre nosotros mismos, sobre nuestra unidad interior y un sentido más pleno de la vida.

 SENCILLEZ DE CORAZÓN
La filosofía, en su camino de reflexión, encuentra a Dios como la Causa de las causas, como explicación última de los seres existentes, como ordenador inteligente, como primer motor del movimiento que hay en el cosmos, como legislador que hace escuchar su voz en la conciencia del hombre, como aspiración a la felicidad.
Algunos quieren encontrar a Dios en un análisis intelectual de la divinidad. Más que un deseo de agradar a Dios quieren analizar a Dios. Para encontrarle es necesario, pasar de un estado de especulación a uno de sumisión afectuosa, más que una actitud intelectual hay que pasar a una actitud de ofrecimiento de la propia persona a los deseos de Dios.
Aun cuando el joven puede encontrar a Dios con el esfuerzo de su inteligencia, siempre existe el peligro de que nuestra relación personal con el Señor se vuelva demasiado conceptual y en estas condiciones se queda frio el corazón, a pesar de referirse a la única fuente de autentica felicidad.
El joven tienen que ingeniárselas para que su conocimiento y su relación con Dios no sea solo exclusivamente ideológica o conceptual, sino que sea una relación y un conocimiento vivencial que quede profundamente penetrado por el sentimiento y la grandeza de Dios.

 UN CAMBIO DE MENTALIDAD Y DE VIVENCIA DE LA FE
La propuesta de Jesús es difícil y exigente. Esta implica el seguimiento, porque llama a vivir lo que Él ya ha hecho realidad en su propia vida.
El encuentro de cada persona con Jesús se convierte en un compromiso con la comunidad. No es posible una relación con Jesús que sea sólo para sí. En la comunidad y en el servicio a los demás, se comprende en plenitud el proyecto mismo de la salvación.

¿Dónde nos encontramos con Jesús?
Encontrarnos con Cristo es la aventura más bella de toda nuestra vida. Pero no es suficiente encontrarlo una sola vez. Cada vez que nos descubre, se recibe un llamamiento a buscarle más aún, y a conocerle mejor. Estos encuentros suelen ser más radicales a través de la oración, la meditación de su Palabra, en el sacramento de la penitencia, en la Eucaristía “pan de vida” (Jn 6, 35), en la catequesis y la escucha de las enseñanzas de la Iglesia. Aún mejor, donde nos encuentre él, a fin de cuentas es quien siempre da el primer paso. Hablar de los encuentros con Cristo vivo, es hablar de su presencia viva, eficaz, amorosa y liberadora. “Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos” (Mt 28,20).
Cristo está presente en las Sagradas Escrituras, lo encontramos en su Palabra, pues cuando se lee la Biblia es Él quien habla. “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14). En la Sagrada Escritura encontramos las palabras amorosas de Dios que sale al encuentro de sus hijos, para conversar con ellos.
En los Sacramentos, que la Iglesia celebra está presente Cristo Resucitado que santifica y alienta en su peregrinar a la casa del Padre. Y un encuentro con Cristo, muy especial, se da en la Eucaristía, en la cual se realiza de modo total su presencia real y su contemporaneidad en la historia de la humanidad. Jesús nos habla el lenguaje maravilloso del don de sí mismo y del amor hasta el sacrificio de la propia vida. Cristo se hace presente de muchas maneras en ella, pero, sobre todo, bajo las especies eucarísticas del pan y del vino (Cfr. CEC 1373). El hombre busca la verdad, no quiere vivir en la mentira; la Eucaristía será siempre el sol que ilumina y da calor a sus vidas, en ella encuentran al que es la Vida. En la Eucaristía no es sólo el hombre quien busca a Dios, es Dios quien busca y espera al hombre. (Cfr. Texto base 48 CEI 22).
En cada Misa Cristo está presente y sale a nuestro encuentro en la Palabra que se proclama, en el Sacerdote que preside, el Pan y el Vino Consagrados con una presencia muy especial, en los fieles reunidos en su nombre. También está presente en los demás sacramentos que la Iglesia celebra: bautismo, reconciliación, matrimonio, etc.
En la oración personal y comunitaria. Orar desde la vida es otro encuentro personal con Dios. La vida de Cristo es una constante alabanza y referencia al Padre. Con mucha frecuencia, al fin de las actividades de cada día, pasaba las noches enteras en oración conversando con su Padre (Cfr. Lc 6,12; Mc 1,35). Oró con la gente del pueblo antes de curarla y de perdonarla, oró con palabras de aliento y agradecimiento al descubrir las maravillas de Dios…, oró desde lo más profundo de su corazón cuando se sintió tocado por las necesidades y por el dolor y el sufrimiento de la gente e invitó a orar siempre con insistencia y sin desanimarse. Nos enseñó a orar y nos prometió que “donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20).
Es a través de los hermanos que Jesús también sale a nuestro camino: “Les aseguro que cuando lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron” (Mt 25,40).
o Encontrarnos con Jesús en el servicio a nuestros semejantes.
o Encontrarnos con Jesús junto a nuestros hermanos con los que compartimos la existencia cotidiana. Entre las incertidumbres y distracciones, las alegrías y las esperanzas.
o Encontrarnos con Jesús entre los que le invocan sin haberlo conocido; entre los que, habiendo empezado a conocerlo, sin su culpa, lo han perdido; entre los que lo buscan con corazón sincero.
o Encontrarnos con Jesús en el rostro de los más pobres, de los marginados, víctimas casi siempre de un modelo injusto de desarrollo, que pone el beneficio en el primer puesto y hace del hombre un medio en lugar de un fin.
o Encontrarnos con Jesús concretamente en nuestras parroquias, en las comunidades en las que vivimos, en los grupos juveniles, en las asociaciones y en los movimientos eclesiales a los que pertenecemos.
o Encontrarnos con Jesús donde un ser humano sufre por sus derechos negados, sus esperanzas traicionadas, sus angustias ignoradas.

Si alguna vez nos sentimos solos, abandonados, sin fuerzas, escuchemos la voz amiga de Jesús que nos dice: “Vengan a mí todos lo que están fatigados y agobiados, y yo los aliviaré” (Mt 11,28).
Es aquí y en muchas más circunstancias que Jesucristo nos sale al encuentro invitándonos a descubrir su inmenso amor y a ser participes del proyecto de la Salvación.
Pongamos todos los medios que están a nuestro alcance para hacer posible este encuentro, mirando a Jesús que nos busca apasionadamente. Busquémoslo con los ojos de la carne a través de los acontecimientos de la vida y en el rostro de los demás; pero sobre todo busquémoslo también con los ojos del alma por medio de la oración y la meditación de la Palabra de Dios, porque “la contemplación del rostro de Cristo se centra sobre todo en lo que de él dice la Sagrada Escritura” (NMI 17).

b) Dinámica en pleno

 Busca que este momento sea de reflexión. Ten en cuenta el tiempo y proporciona a los muchachos el material necesario.
 Puede ser en pequeños grupos o en pleno.

¿Como vivimos los encuentros con Cristo los jóvenes?
¿Cuáles son los lugares y tiempos que como jóvenes privilegiamos para el encuentro con Jesús?
En la Eucaristía dominical ¿cómo se vive el encuentro con Jesús por parte de los jóvenes que asisten? Con indiferencia, con alegría, sin sentido, frustrados, afligidos, obligados, etc., ¿cómo se da? ¿Qué actitudes debemos tomar para que el encuentro con Jesús en la Eucaristía trasforme nuestras vidas? Mencionen varias y que sean muy concretas.
Cuando escuchamos, leemos, meditamos y proclamamos la Palabra de Dios, es Cristo Jesús quien nos habla: ¿la escuchamos con atención y respeto?, ¿la leo y medito con frecuencia?, ¿pongo en práctica su mensaje?, ¿qué podemos hacer para escuchar la Palabra de Dios con mayor frecuencia y atención?
Encontrarnos con Jesús en la oración personal y comunitaria alimenta el espíritu y da a la vida un sentido más pleno. La oración conducía a Jesús a buscar y hacer siempre la voluntad del Padre. ¿Cómo oramos? ¿Cuándo oramos?

c) Cómo quiero vivir mis encuentros con Cristo
 Traslada a los asistentes al lugar donde se hará el momento de la celebración. Entrega a cada uno una copia y una pluma para que escriban sus ideas con relación a la reflexión propuesta. Da un tiempo determinado y después continúa con la celebración.
 Reflexión personal:

Jesucristo se acerca a ti para proponerte una vida nueva, para llenar de sentido tu existencia, para colmar lo más valioso que anhela tu corazón. Pero debes disponer tu corazón para ese encuentro. Déjate encontrar por Él, en aquellos lugares en los que está presente como manantial de vida.

¿Dónde me he encontrado con Jesús?
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¿Dónde más puedo encontrarme con Jesús?
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¿Qué lugares y tiempos deseo privilegiar para esos encuentros?
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Las actitudes nuevas que tendré -para cada encuentro con Jesús- son…
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CELEBRACIÓN:
 Después de un tiempo considerable de reflexión personal, invitar a que algunos de ellos compartan lo reflexionado.
 Continúa con una pequeña introducción a la oración que se sugiere. Acompañen este momento con un coro para que interprete los cantos. De ser posible que todos tenga la letra.

Los encuentros con Jesús no siempre están planeados ni resultan ser como quisiéramos. Es Dios quien nos encuentra a todo momento. Cuando menos lo pensamos ahí está, es él quien sale a nuestro paso para reanimarnos todos los días y en todos los acontecimientos de nuestra vida.
Escuchemos lo que nos quiere decir y dejémonos guiar por su inmenso amor. No tengamos miedo de la nueva vida que él nos ofrece. Él mismo, con la ayuda de su gracia y el don de su Espíritu, nos da la posibilidad de recibirlo y poner en práctica sus preceptos.
Pidamos a Jesús que continué siendo la Luz que ilumine nuestro caminar y siga saliendo al encuentro de tantos jóvenes de nuestro tiempo. Que Él sea nuestra fuerza, nuestro punto de referencia, nuestra continua esperanza de llegar a la plenitud eterna.
Él ha tomado la iniciativa y la seguirá tomando hasta que escuche decir: “¡Sí, voy en pos de ti, Señor!”. Claro, respetando tu libertad. Los encuentros con Jesús nos llenan de amor, de felicidad, pero sobre todo, de un sentido más pleno de vida.
Canto: Vaso Nuevo.
Guía: A manera de COMPROMISO, ¿cómo te gustaría tener un encuentro con Jesús?: asistiendo a la Santa Misa, visitando a un enfermo de tu colonia, en el momento de hacer oración personal con él, visitando al Santísimo Sacramento, ayudando en casa con una actividad en concreto, a ser más servicial con el compañero de trabajo o apoyando al amigo. Elige una tarea que puedas realizar mañana, no importa si parece pequeña, lo importante es que en ella te permitas ser encontrado por Jesús.
Canto: Te doy gracias Jesús.
Todos:
Aquí estoy Señor te oiré, cumpliré tu voluntad.
Aquí estoy Señor y háblame, tu palabra es mi salvación.
Aquí estoy Señor escucharé, tu mensaje que a todos daré, corazones muertos salvaré, y a todos los hombres libraré.
Quiero oír tu voz y alabarte y saber que no es mi corazón y poner mi vida en la tuya, y saber que solo tuya es.
Quiero oír tu voz y alabarte y saber que no es mi corazón y ponernos todos en tus manos y saber que el mundo salvo es.
Aquí estoy Señor y guíame: solo un joven es lo que yo soy pero tú me quieres y me llamas aquí estoy Señor si aquí estoy.

Canto: Tomado de la mano con Jesús, yo voy.

Fuente/Autor: Pastoral Juvenil – Arquidiócesis de Guadalajara

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