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Dios te necesita

27 de enero de 2020

Aquella tarde, la comunidad monástica hacía, en su oratorio, una plegaria de intercesión.

Una tras otra, se escuchaban las oraciones de los monjes: “Señor, te pido”, “Señor, te pido”, “Señor, te pido”. También el Abad hacía su plegaria: “Señor, te pido…”.

Por fín, todos callaron largamente. Hasta que de nuevo se dejó oír la voz del Abad: “Ahora, Señor, dinos en qué podemos ayudarte; te escuchamos en silencio”.

Al cabo de un rato concluyó: “Gracias, Padre, porque quieres contar con nosotros”. Y todos los monjes respondieron al unísono: “Amén”.

(Porque habían comprendido que la oración, como el amor, tiene dos tiempos: dar y recibir, y que si falta uno de ellos, se muere.)

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