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Dios en tres tiempos

27 de enero de 2020

Tres tiempos para la vida, como un paso de baile que uno fuera repitiendo en distintas circunstancias. Así son las cosas con Dios –y de paso, a veces, con los otros-. Nos vivimos sedientos, necesitados de Ti, anhelando tu presencia y tu consuelo. En ocasiones apareces y lo transformas todo. Luego te vuelves a ir, es imposible aferrarte, y así, se va trenzando una historia de presencias y silencios, de llamadas y respuestas, de muertes y resurrecciones. Dios, es imposible aferrarte, y sin embargo, estás…

La Búsqueda

Tengo sed de ti, Señor. Sed de encuentro, de abrazo, de sentido. En muchas ocasiones no sé dónde andas. Se me va pasando la vida y no sé hacia dónde mirar para encontrarte. Le pregunto a los rostros amigos, a la gente lejana, a los libros, al silencio, a mi corazón “¿Dónde está Dios?” “¿Cómo es?” “¿Qué dice?” Y no siempre hay respuesta. Toca seguir persiguiendo tus pasos, tus huellas, tu promesa. Para que tú llenes un poco mis días, el trabajo, el estudio, la amistad, el amor, para que me fortalezcas en las horas tristes y en los momentos alegres. Para que arrulles, con voz infinita, mis noches…

El Encuentro

Luego apareces. No sé muy bien cómo. En un rato de oración tranquila, en un texto del evangelio, al cantar una canción cargada de sentido, en una conversación entrañable, en una tarde de fiesta o al leer palabras prestadas que hablan de ti.

Apareces con esa manera tan tuya, te revelas en el abrazo que me hace sentir en casa, en los ojos brillantes que me miran cercanos, apareces como buena noticia que me dice que la vida es plena, y que hay que hacerla buena para todos. Y entonces te creo, y todo está bien.

La Partida

Y te vuelves a ir. ¿O soy yo quien se vuelve a alejar? Te me vas un poco, porque esa es tu manera de estar… inspirar sin imponer, acercarte sin abrumar, abrazar sin apresar. Me dejas con algo que hacer (hay quien lo llama misión) –y a veces me quedo contento, y otras me puede de nuevo la añoranza y toca seguir buscándote.

Me dejas, me envías, me lanzas, me empujas y me sigues llamando a un tiempo. A anunciar que estás ahí. A proclamar que nos amas. A compartir esa noticia buena que traes para las vidas. A vivir, en definitiva, tu proyecto.

Fuente/Autor: Pastoral sj

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