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Familia

Difícil, no imposible

27 de enero de 2020

’Si se desea combatir el narcotráfico, lo primero que debe detenerse es el consumo de estupefacientes.’

Cuando escuché este comentario, no pude dejar de pensar en lo cierto que es, y que si se logra, se estaría erradicando una de las más grandes plagas sociales que enfrentamos en este siglo y que ataca principalmente a los jóvenes, sobre todo cuando están descubriendo su identidad.

Algunos quisieran creer que no está tan generalizado, por ejemplo, el uso de la marihuana. Sin embargo, siendo más realistas, hay que admitir que ya es bastante común el uso de drogas.

Los padres se espantan tan sólo de imaginar que uno de sus hijos pudiera involucrarse en este problema. Tristemente los muchachos no sienten temor. Viven el momento, se quieren divertir y no ven mucho riesgo en su conducta, a pesar de que la marihuana es ilegal, y esto les podría traer serios problemas con la ley.

Un problema añejo

“Me aficionaba a mis vicios, no sólo por el deleite, sino también por el deseo de alabanza. ¿Qué cosa hay más digna de menosprecio que el vicio? Y no obstante, para no ser menospreciado, me hacía vicioso.”

Estas son líneas que escribiera el filósofo de origen africano Aurelio Agustín, allá por el siglo II de nuestra era y sirven para ilustrar una de las muchas razones por las que los jóvenes se ven tentados a probar las drogas.

Es muy difícil erradicar este mal, pero no imposible. Los padres deben estar muy alertas y preparados para saber qué hacer si su hijo se deja envolver en este vicio tan posesivo, no sea que por desconocimiento lleguen incluso a abandonarlo a su suerte, en lugar de hacer que salga del mundo de las drogas.

En la adolescencia y principios de la juventud, los muchachos experimentan una sensación de rebeldía. Algunos encuentran en el uso de la marihuana un vehículo para protestar ante el acelerado, mecanizado y deshumanizante mundo en que viven. Buscan en la marihuana, por ejemplo, una forma de relacionarse y comparten con muchachos que generan su misma conducta, una manera de sobreponerse ante una sociedad indiferente.

Lo que jamás piensan estos jóvenes es que la aparentemente inofensiva marihuana puede ser, a fin de cuentas, más destructiva que funcional y puede involucrarlos con drogas que son altamente peligrosas.

Cuando un joven de cualquier sexo o estrato social utiliza la marihuana, enfrentará serias complicaciones, tanto en su vida personal como social.

– Manchan su futuro. Las personas que utilizan drogas son mal vistas y no aceptadas por la sociedad, y es dentro de ésta, donde los adolescentes y jóvenes se desarrollarán en el campo de trabajo y la convivencia en un futuro. No les conviene exponerse a una ’tacha’ o etiqueta de ’drogadictos’, que podría señalarlos toda una vida.

– Se aíslan. Quizá muchos se droguen, pero al hacerlo se imaginan que podrían tener serios problemas legales al ser sorprendidos por la policía, pueden acabar en la cárcel.

– Se vuelven adictos. El daño psicológico que les causa es enorme ya que, aunque los jóvenes crean que la marihuana no hace daño, sí lo causa al volverlos adictos.

– Pierden la voluntad. Es un estupefaciente tan posesivo de la voluntad del ser humano, que los jóvenes que se aficionan a la droga, cada vez la tienen que utilizar con más frecuencia y en mayor cantidad.

– Aparte, es muy conocido hasta para los mismo usuarios, que la marihuana es la puerta que les permite conocer toda clase de estupefacientes más dañinos, peligrosos y fulminantes, los cuales pueden aceptar con facilidad, debido a que su voluntad a causa del uso de la droga está muy debilitada, dejándose arrastrar por la corriente de vicios de aquellos con quienes se juntan.

– No son personas responsables. Los usuarios de la marihuana, casi en su totalidad no se consideran enfermos, mucho menos pacientes psiquiátricos. No quieren medir las consecuencias que su conducta les pueda ocasionar, como problemas legales, conflictos de identidad o existenciales.

Drogas como síntoma de otra enfermedad

El uso de la droga no se debe ver como un problema aislado, sino como síntoma principal de una enfermedad fundamental de la sociedad.

Así como la fiebre disimula el mal que oculta, el uso de drogas revela un desorden fundamental:
* La epidemia de auto-medicación que sufre la sociedad occidental.
* Los jóvenes se sienten desilusionados del mundo en que viven. Sienten que no tienen oportunidades, y desean evadirse de la realidad.

¿Cuáles son las drogas más populares
Los dos tipos de drogas que más se utiliza en nuestra sociedad occidental son el alcohol y la marihuana.

Los adictos más comunes y que tienen el más elevado índice de deterioro psicológico y social son los que utilizan el alcohol, ya que es aceptado socialmente. La droga que ocupa el segundo lugar en consumo es la marihuana.

¿Cómo detectar que alguien consume estupefacientes?
El carácter de los no usuarios contrasta notoriamente con el de los fumadores de droga.

Los no usuarios:
a) En general viven en casa de sus padres.
b) Están menos a favor de cambios sociales considerados liberales o socialistas.
c) Son menos experimentados sexualmente.
d) Son más rígidos en sus variaciones en la conducta social.
e) Están más cercanamente identificados con sus padres.

Los usuarios :
a) Están mucho menos identificados con sus padres y la sociedad paternalista.
b) Tienden a experimentar todo a una edad más temprana.
c) Están más alejados de los valores tradicionales.

El doctor norteamericano, Joel Simon Hochman, en su libro ’Marihuana y evolución social’, dice :“Existe una relación directa entre la duración y frecuencia del uso de la marihuana por un joven y la proporción en que sus amigos usan la droga.”

Sucede como con el alcohol, los muchachos se drogan por presión social.

La misma fuente, al mostrar un panorama general del porqué la gente prueba la marihuana por vez primera, señala que es:
a) Porque sienten curiosidad.
b) Porque existe presión ’amistosa’ de otros que ya la consumen.
c) Porque buscan estar a la moda y ganar aceptación de los marihuanos, a los que consideran muy ’in’ y nada ’conservadores’ (algo así como muy mundanos y nada reprimidos).
d) Porque buscan un cambio de humor o estado de conciencia, ya sea por curiosidad, para cambiar un ánimo desagradable, o bien intensificar un estado de ánimo placentero.

Si la familia está unida y los padres se preparan para cimentar en sus hijos valores de moral, virtudes y espiritualidad, es menos probable que caigan en el mundo de las drogas.

Pero ,suponiendo que el muchacho en cuestión ya presenta un problema crónico de adicción, hay que procurar sacarlo, a como dé lugar, del pozo en que se ha metido.

Posibles soluciones

a) El programa más efectivo en contra del abuso de drogas sería que existieran personas que se esforzaran por forjar un medio ambiente más habitable:
– Una tierra con espacios tranquilos.
– Con oportunidades personales.
– Respeto por la belleza e integridad individuales.
Esto sería más tranquilizante y efectivo que cualquier droga.

b) Que existiera una solución efectiva a los problemas de nuestro deteriorado medio ambiente. Las instituciones educativas, sociales, gubernamentales y culturales tendrían que reformarse para corregir el desencanto de los jóvenes y ellos podrían servir como una fuente poderosa de energía para el cambio positivo.

c) Que los padres no vieran a su hijo que se droga como un criminal al que se debe reprimir. Está comprobado que los métodos que castigan sólo han servido para endurecer un mal funcionamiento de conducta hasta hacerlo habitual.

El temor que podrían llegar a sentir los hijos hacia unos padres que reprimen podría ser reemplazado por el diálogo entre amigos que localizan y comprenden el problema, para vencerlo con apoyo familiar.

d) Para que un programa fuera efectivo, no sólo tendría que dirigirse a los que se drogan sino también a las generaciones mayores, donde muchos de ellos no usan estupefacientes.

– Se puede enseñar a ’los viejos’ acerca de los jóvenes para que interactúen unidos.

– Comenzar por eliminar los típicos papeles de padres e hijos que no se quieren entender para comenzar a tratarse como verdaderos amigos.

– Los papás pueden comprender el comportamiento de sus hijos y hacerles saber realmente que cuentan con ellos para salir del problema, una vez que en confianza reconozcan que dicho problema existe.

– También pueden abirse canales de comunicación y fomentar la confianza mutua. Para esto es necesaria mucha plática entre padres e hijos.

Algunas soluciones parecerán utópicas e inalcanzables, y tal vez así será si no existen padres dispuestos a atacar tan grave problema y a poner todos los medios adecuados para ello.

Fuente/Autor: Georgina Elizondo de Sabella

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