La juventud es un tiempo bendito para el joven y una bendición para la Iglesia y el mundo.

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CULTURA JUVENIL

27 de enero de 2020

En el mes de Agosto, cumplí 5 años de ministerio sacerdotal. Cinco años que han sido llenos de la Gracia de Dios para trabajar en la Pastoral Vocacional, y que me han dejado un grato sabor de boca, un compromiso de seguir caminando con Jóvenes en su discernimiento vocacional, la alegría de compartir tantas historias, en tantos lugares diferentes, de conocer muchas formas de pensar y de ver el mundo por parte de la juventud.
Cinco años para compartir también las alegrías, las esperanzas, los sufrimientos, los ideales, los temores, las frustraciones, los desencantos y por ser sacerdote, compartir hasta los momentos de reconciliación con Dios a través de la confesión.
En fin, un tiempo de mucha riqueza espiritual y humana que me han enseñado mucho a conocer mis limitaciones, mis defectos y mis cualidades; pero no quisiera detenerme en hablar de mí, sino en lo que he descubierto en estos cinco años que hay en la juventud, cuales son sus alcances y los retos que ellos y ellas enfrentarán, pero que la Iglesia sin duda habrá de afrontar.

MUCHOS SUEÑOS E IDEALES

A veces no ha sido fácil compartir con los jóvenes y las jóvenes sus sueños e ideales, porque son muchos. Es decir, contrario a lo que mucha gente adulta piensa, nuestros jóvenes y nuestras jóvenes tienen la capacidad de generar muchos ideales, tantos que a veces es imposible que puedan articularlos de forma congruente, lo cuál los hace aparecer como soñadores irrealistas; sin embargo, cuando uno se acerca a ellos y ellas, uno descubre que tienen muchas ganas de crecer, de superarse, de seguir adelante, de construir un mundo mejor y un futuro mejor.
Cuando uno comparte con ellos y ellas, uno descubre que cuando se trata de sus sueños e ideales, se comprometen de tal forma que les es difícil renunciar a ellos. Se aferran a querer lograr lo que desearon y ponen su corazón en el deseo de alcanzar sus metas.
A esto se une el compromiso de querer ser mejores, de alcanzar sus metas. Y uno de sus retos es que a veces los adultos, o personas mayores no creemos en ellos. Nos reímos, los menospreciamos, y en ocasiones, dudamos que puedan tener la capacidad de salir adelante. Este es precisamente uno de los retos que he encontrado: ¡Cuántos jóvenes y cuántas jóvenes sufren porque su propia familia no cree en ellos o ellas! Otros ven como sus propios padres les cortan las alas y el deseo de ser mejores porque los padres batallaron muchos, y desconfían de todo. Entonces nuestra juventud aprende que solamente a través de la corrupción, de la mentira, de la explotación del físico se puede salir adelante y no a través de las cualidades, del talento y de la capacidad para responder ante las exigencias de la vida.

EL MIEDO Y LA AUTOESTIMA COMO FACTORES DETERMINANTES

En este bello ministerio de la Pastoral Vocacional, uno tiene la oportunidad de ayudar a jóvenes a descubrir la respuesta que quieren dar a Dios. Uno de los retos más grandes, es el de vencer el miedo y superar la deficiente autoestima que los y las jóvenes tienen en sus vidas y que los arrastra a una vida de infelicidad. Hay un miedo muy grande por querer responder al plan de Dios. Miedo a fallar, miedo a dar una respuesta que no es la que los papás esperan de ellos y ellas. Miedo a no poder vencer los obstáculos que la vocación presenta; miedo a enfrentar su propia realidad.
También, porqué no decirlo, hay el miedo de no “agradar” a las demás personas, de “equivocarse” en dar una respuesta que vaya en contra de los “valores” del mundo.
A este miedo, hay que agregar la baja autoestima con la que a veces los y las jóvenes viven y que los hace mantenerse “a una cierta distancia” del llamado de Dios, porque han aprendido que no son “capaces” de dar una respuesta, o no son lo “suficientemente dignos o dignas” de sentirse llamados y llamadas por Dios.
Estos aspectos de la juventud, necesitan de especial cuidado, sea por parte de los y las jóvenes como por parte de los papás, promotores y formadores. No sé en que momento de la historia el miedo nos ha ido ganando, no porque antes no haya existido, ni tampoco que no haya habido quienes por miedo no realizaron el Proyecto de Vida de Dios; solamente que da la impresión que actualmente las expectativas son muy altas en lo que a equivocarse, o el miedo al compromiso ha aumentado.

TIEMPO DE MUCHAS ATADURAS

No quisiera uno parecer demasiado “anticuado” o sonar a “disco rayado” pero nuestra juventud que proclama un deseo de libertad más grande, camina con más ataduras.
Hay ataduras en cuanto al placer, al sexo, a la comodidad, al egoísmo, a lo exclusivamente material, a la moda, y a tantas cosas, que cuesta más trabajo decidirse a cortar las amarras. Aparentemente el miedo al compromiso parece verse justificado en no “querer amarrarse” pero viéndolo desde otra perspectiva, parece que el miedo es a “soltar las amarras.”
En muchos casos nos sentimos totalmente ligados a muchas cosas, que no queremos dejarlas ir, y buscamos infinidad de pretextos. Culpamos a todos y a todo de nuestra incapacidad de respuesta.
Tenemos la idea de querer alcanzar tantas cosas, de buscar tantas metas, de lograr tantos sueños, y nos percatamos que muchas veces dejamos a medias aquello que soñamos alcanzar porque no nos animamos a soltar. Lo dijo alguien, tenemos tanto miedo de dejar la orilla que por eso no cruzamos el océano.
Vamos por la vida tratando de encontrar sentido a nuestra existencia, y ésta es una parte positiva, y hasta somos capaces de renunciar a los valores esenciales como la vida, con tal de ver nuestros sueños cumplidos. Vamos creando nuevas escalas de valores, añadiendo nuevos principios, buscando forjar nuevos valores. Tachamos de retrogradas a las instituciones que se empeñan en señalar valores contrarios a nuestras creencias, y no nos damos cuenta que cada vez nos sentimos más frustrados, hechizados por el placer instantáneo, y al final de cuentas, vacíos.

LA CONTRAPARTE

Sería muy absurdo tratar en este breve espacio de hacer un análisis de la cultura juvenil y sus sub-culturas, sin embargo creo que la juventud tiene también sus momentos de congruencia, de compromiso con la vida y con la realización personal. Hay muchos y muchas jóvenes que trabajan todos los días por hacer de sus vidas una ofrenda agradable a Dios, de volverse “Corbán” y buscar cómo dar respuestas favorables.
Hay muchos y muchas jóvenes comprometidos con los valores del Reino que buscan cómo transmitir mensajes de vida y esperanza para otros jóvenes. Esta parte positiva llena de esperanza a la Iglesia y le presenta retos positivos que debemos tener en cuenta para ayudar a la juventud a articular sus respuestas para con Dios y la Sociedad.
Uno de los retos será crear espacios de trabajo y de evangelización para jóvenes en los que ellos y ellas puedan aportar su forma de ver el mundo. Crear espacios de compromiso profundo para que los jóvenes puedan desarrollar y discernir su llamado vocacional, sin miedo a entender y aceptar sus diferentes formas de creer, pensar y expresar sus creencias, ideas y pensamientos. Esta es la parte que me alienta a continuar con mi labor.

LA MISIÓN CONTINÚA

Tal vez, algunos de ustedes se pregunten, ¿A qué viene todo esto? La respuesta es simple y con un poco de tristeza, nostalgia, ilusión, esperanza y alegría, todo revuelto como en botica, quiero comunicarles que he sido transferido a una nueva misión en la Ciudad de Los Ángeles, la cual con gusto he aceptado para seguir caminando con jóvenes en la formación.
Quiero agradecer públicamente a la Dirección Provincial por la confianza en este nuevo reto en mi vida, y por todo el apoyo recibido en estos 5 años. Agradecer al Padre Román y al Padre Fernando por su amistad, alegría, compromiso y apoyo en este trabajo vocacional, seguiremos en oración. A todos y todas Jóvenes Sin Fronteras por este tiempo tan bello caminando juntos, por permitirme entrar en sus vidas y mostrarme que el trabajo con Jóvenes vale la pena. Agradecer a nuestros bienhechores, a quienes han creído en nuestro proyecto y nos apoyan para seguir adelante.
Que Dios y María Santísima los sigan iluminando, continúen rezando por mí, para que Dios me siga mostrando su camino, y sigan rezando por los JSF para que no desfallezcan en su búsqueda vocacional. De corazón, ¡Mil Gracias!

Padre Chan, cs

Fuente/Autor: Padre Chan, cs

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