“Hay que hacer el bien, todo el bien posible, y hacerlo de la mejor manera posible”.

Beato Scalabrini
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Familia

Crecer en el amor

27 de enero de 2020

Mucho más que un amor de telenovela.

Ni para que meternos en el lío de contestar esta pregunta que por siglos nadie ha acertado a definir adecuadamente. A esta palabra tan común se le ha atribuido desde lo más sagrado hasta lo más profano. Y todo mundo cree darle el mismo significado.

Sin embargo, a las cosas hay que llamarlas por su propio nombre para así evitar que se les dé un uso distinto que sólo hará caer en confusiones perjudiciales, y conductas que se justifican en las palabras lo hice por amor. No se definirá al amor en una forma general, sino al amor que une y hace fuerte a la pareja, el amor de los esposos.

1.- Hay quienes piensan que amar consiste en ser amado.
Esto se podría entender en que el amor consiste en recibir, más que en dar. Pero no. El amor conyugal tiene un doble juego, dar y recibir, para mantenerse y crecer.
-Si uno da sin recibir, termina dependiendo del otro.
-Si uno recibe sin dar, termina dominando al otro.
El intercambio de donación y recepción crea una relación de iguales: precisamente por haber dado, recibe en compensación y por haber recibido, siente deseos de seguir dando. El amor visto así no radica en la posesión sino en la donación.

2.- Hay quienes creen que la persona amada es el objeto del amor.
Hay quienes creen que la persona amada es el objeto del amor y toman a esta persona como fin. El pensar así es estar destinado al fracaso, porque el hombre y la mujer no se llenan mutuamente, aunque en un principio así lo parezca.

El fin del amor es algo que trasciende y ese fin serán los hijos. Paulo VI anunció así una gran ley del amor. Darse el uno al otro para darse luego juntos. Porque el amor no es la persona amada, sino una capacidad, facultad; por lo tanto, la persona no debe negarse a la trascendencia, porque la raíz del amor es la fecundidad.

Cuando por decisión propia la pareja decide no tener hijos está entrando en un círculo limitado y egoísta, buscando sólo su propia satisfacción, sin darse cuenta del daño que se causan.
– El amor mutuo protege a los hijos.
– Los hijos son un estímulo para la pareja.
– Hay una correlación entre hijo y estabilidad del matrimonio, porque los hijos purifican el amor de la pareja, haciéndolo menos egoísta.

En la unión libre esto está muy lejos de ser. Su misma inestabilidad al dejar abierta la posibilidad de separarse por cualquier motivo, no permite el amor de donación y de fecundidad, pues hay una decisión de antemano a la no procreación.

3.- Hay quienes creen que el amor es una fuerza ciega que arrastra.
Hay quienes creen que el amor es una fuerza ciega que arrastra, por lo tanto justifica todo y no se puede hacer nada para evitarlo.

A esto se le llamaría amor-pasión, donde más que gozar el amor, se padece el amor.
– El amor es una fuerza, ciertamente pero no ciega.
– Es algo que de alguna manera depende de nosotros, porque el amor es edificable.
– Es la razón la que debe dictarle al corazón lo que debe hacer.
– Cuando se considera el amor una atracción momentánea, y se guía sólo por un impulso de deseo sexual, entonces a esto se le llama soledad, vanidad, afán de dominio, conquista, etc., pero no amor, ya que todo acto de amor que involucre sólo el cuerpo, es un acto egoísta. Qué fácil es acomodarse detrás de actos tan innobles y atribuirlos a un sentimiento tan noble como es el verdadero amor.

En el amor conyugal lo físico ha de ser la expresión del amor de dos personas (con toda la dignidad que en sí la persona tiene) y no de dos cuerpos, si no, esto correspondería a un simple instinto carnal que en otros términos sería animal. Por otro lado las relaciones sexuales precoces deforman el amor, ya que se cae en el gran peligro de creer que el atraerse mutuamente y que el apasionamiento, son la muestra de la intensidad del amor

La vida matrimonial:
– Es esforzarse día con día para mantenerse y crecer, incluso en el aspecto sexual.
– Exige respeto mutuo, adaptación de caracteres, un sinnúmero de sacrificios.

Es lo que llamaríamos un amor maduro, y no en años sino en lo que esto implica: amar con libertad, una verdadera libertad (que es dominio del espíritu sobre la materia). La libertad hace al hombre más persona, más creativo, más equilibrado, más dueño de sí mismo. El amor debe llevar a una madurez que se logra por continuas conquistas hechas a base de esfuerzos y renuncias a sí mismo. Sólo en este plano se entiende el verdadero amor. El amor de los esposos: total, fiel y exclusivo.

Fuente/Autor: Georgina Peart de Ramos

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