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Familia

Clave del éxito en la formación

27 de enero de 2020

Según la teoría de Dobson, es muy bueno para el niño recibir los oportunos castigos o probar el amargo sabor del aceite de resina. Su posición nace de la simple naturaleza. Constatamos que si el niño agarra una perola caliente, se quema; y que si mete los dedos por los agujeros del contacto, recibe una descarga nada agradable. De la misma manera, si el niño se comporta mal, recibe el castigo.

No quisiera yo llegar a la fácil conclusión de que debemos comprarnos cuanto antes un buen garrote o una mini cámara de torturas casera como nuevo método educativo. Sólo quiero destacar la importancia de saber exigir y mantener la firmeza necesaria ante las situaciones educativas que encontramos cada día.

Muchas veces, lo primeros que cedemos y nos cansamos ante la exigencia, somos los mismos educadores. Hemos pedido a nuestro hijo que haga la tarea… y, como no la hace, pues ya no le insistimos. Hemos exigido que la hija llegue a casa a una hora determinada y, como arma un escándalo tormentoso, acabamos por acceder… Necesitamos exigirnos primero los educadores la fuerza para mantener nuestras posiciones. Por eso, como estoy planteando algo nada fácil, le confieso un pequeño secreto: la fuerza nace de cumplir uno mismo con dos cosas cada día: puntualidad y acabar lo que me he propuesto hacer. Es duro, pero nos robustece como el deporte fortifica el corazón.

Fuente/Autor: Masalto

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