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Mundo Joven

CARLO ACUTIS: UN ADOLESCENTE EJEMPLAR

27 de enero de 2020

(1991-2006)

Tenía apenas 15 años cuando su vida se apagó a causa de una leucemia fulminante el 12 de octubre de 2006. Era hijo único de una familia católica de Milán comprometida en obras de caridad y de testimonio cristiano. Conmovió a familiares y amigos al ofrecer todos los sufrimientos de su enfermedad por la Iglesia y el Papa. Carlo era un muchacho normal que vivió su fe con seriedad. Quien fue su párroco, Gianfranco Poma, señala que la vida de Carlo fue de una «normal cotidianidad evangélica, sin ninguna ostentación, ninguna inclinación a parecer especial. Era un muchacho franco y afectuoso, pero sin orgullo».

En Italia ha salido la primera biografía de Carlo, titulada «Eucaristía. Mi autopista al cielo. Biografía de Carlo Acutis», escrito por Nicola Gori, articulista de «L´Osservatore Romano», y está entre los primeros puestos de ventas de libros de temática religiosa. El libro nace «del deseo de contar a todos la simple e increíble historia de Carlo, humana y a la vez profundamente cristiana».

Los capítulos más desgarradores son los que recorren su breve etapa de enfermedad. Su madre, Antonia Acutis, refiere que, poco antes de morir, Carlo dijo a sus padres: «Ofrezco todos los sufrimientos al Señor por el Papa y la Iglesia, para evitar el Purgatorio e ir directamente al Cielo». Cuenta también: «Mi hijo, siendo pequeño y sobre todo después de su Primera Comunión, nunca faltó a la cita cotidiana con la santa misa, el rosario y la adoración eucarística. Con esta intensa vida espiritual, Carlo ha vivido plena y generosamente sus quince años, dejando en quienes lo conocieron una profunda huella. Era un muchacho experto con los ordenadores, leía textos de ingeniería informática y dejaba a todos estupefactos, pero este don lo ponía al servicio del voluntariado y lo utilizaba para ayudar a sus amigos». «Su gran generosidad le hacía interesarse en todos: los inmigrantes, los discapacitados, los niños, los mendigos ». «Estar cerca de Carlo era estar cerca de una fuente de agua fresca». «Ciertamente la heroicidad con la que ha afrontado su enfermedad y su muerte han convencido a muchos que verdaderamente era alguien especial». «Cuando el médico le preguntaba si sufría mucho, Carlo contestaba: “¡Hay gente que sufre mucho más que yo!”».

El dinero que ahorraba Carlo lo daba a los pobres, a los ancianos, a las monjas de clausura, a los sacerdotes, a los inmigrantes. Trataba de convencer a sus amigas para que no banalizaran su cuerpo, recordándoles que el cuerpo es templo del Espíritu. Desde la escuela secundaria comenzó a oponerse valientemente al aborto.

Francesca Consolini, postuladora de la causa de los santos de la archidiócesis de Milán, cree que en el caso de Carlo hay elementos que podrían llevar a la apertura de un proceso de beatificación cuando se cumplan cinco años de su muerte. Según ella, «su fe, singular en una persona tan joven, era limpia y segura, y le llevaba a ser siempre sincero consigo mismo y los demás. Manifestó una extraordinaria atención hacia el prójimo: era sensible a los problemas y las situaciones de sus amigos, los compañeros, las personas que vivían cerca de él y quienes encontraba día a día. Había entendido el valor de la vida como don de Dios, como esfuerzo, como respuesta a dar al Señor Jesús día a día en simplicidad. Era un muchacho normal, alegre, sereno, sincero, voluntarioso, que amaba la compañía, que gustaba de la amistad. Carlo había comprendido el valor del encuentro cotidiano con Jesús en la Eucaristía, y era muy amado y buscado por sus compañeros y amigos por su simpatía y vivacidad».

Fuente/Autor: Agencias

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