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Testimonios

Cardenal Van Thuân: Un mártir de la caridad hacia la beatificación

27 de enero de 2020

Misa a los cinco años de su fallecimiento

ROMA, martes, 18 septiembre 2007 (ZENIT.org).- Con una celebración eucarística celebrada este domingo en la iglesia de Santa Maria de la Escalera en Roma, el cardenal Renato Raffaele Martino celebró la memoria del cardenal Francois Xavier Van Thuân, cuando se cumplían cinco años justos de su muerte, y anunciaba el inicio de su proceso de beatificación.

En la eucaristía, estaban presentes, además de empleados del Consejo Pontificio Justicia y Paz, el cardenal Angelo Sodano, decano del Colegio Cardenalicio, y el cardenal Roger Etchegaray, ex presidente de ese Consejo vaticano.

En una iglesia llena de participantes, despuntaba una nutrida delegación vietnamita: junto a las dos hermanas del cardenal, asistieron familiares, religiosas, el coro y un significativo número de sacerdotes del país asiático.

Participaron también representantes de la Fundación San Mateo, en memoria del cardenal vietnamita, y del Observatorio Internacional Cardenal Van Thuân para la Doctrina Social de la Iglesia.

En la homilía, el cardenal Martino recordó a su predecesor como modelo «de fe indómita, esperanza sin fisuras y caridad sin fronteras».

Según el presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz, Van Thuân fue «un fúlgido testigo de unidad y de perdón, de justicia y de paz, forjado en la sufrida experiencia de la cárcel, vivida en unión con Cristo crucificado y bajo la materna protección de María».

El purpurado optó por señalar las virtudes del mártir vietnamita trayendo aquí sus palabras.

Para el cardenal Martino, Van Thuân «supo distinguir entre Dios y las obras de Dios», sobre todo cuando, en los largos y duros trece años de cárcel, se atormentaba por las obras pastorales que no podía llevar a cabo, hasta que una noche, desde lo hondo del corazón, una voz le habló: «¿Por qué te atormentas así? Debes distinguir entre Dios y las obras de Dios»; todas las obras de caridad son excelentes «pero ¡no son Dios!».

«Si Dios quiere que abandones estas obras –narraba Van Thuân– poniéndolas en sus manos, hazlo enseguida y ten confianza en Él. Dios lo hará infinitamente mejor que tú; confiará sus obras a otros, mucho más capaces que tú. Tú has elegido sólo a Dios, ¡no a sus obras! Esta luz me dio una fuerza nueva que cambió completamente mi modo de pensar».

«En segundo lugar –explicó el cardenal Martino–, nutrió su fe cristiana con la Eucaristía». Sobre la Eucaristía, poco antes de morir, el cardenal Van Thuân dijo: «Lo que necesitamos nos lo da Jesús en la Eucaristía: el amor, el arte de amar, amar siempre, amar con la sonrisa, amar enseguida y amar a los enemigos, amar perdonando, olvidando haber perdonado».

Este amor y la fuerza del perdón permitieron a Van Thuân sobrevivir al infierno de la prisión en los campos vietnamitas. «No se puede ser santos a ratos –escribió– sino cada minuto, en el momento presente». Fue esta consideración la que le permitió vivir en la alegría de Cristo, en el perdón, en el amor y en la unidad, entre dificultades casi insoportables».

Con la fuerza del amor cristiano, cambió a sus carceleros, que se hicieron amigos suyos y lo ayudaron a construir una cruz de madera y una cadena con el cable eléctrico de su prisión, que él llevó siempre consigo porque le recordaba «el amor y la unidad que Jesús nos dejó en su testamento».

«Aquella gastada cruz de madera con un poco de metal –subrayó el cardenal Martino– es emblema conmovedor de la paradoja cristiana, porque es cruz de amor».

El presidente del organismo vaticano concluyó subrayando que el siervo de Dios «amaba a la Virgen, como un niño ama a su madre».

Cuando, el 15 de agosto de 1975, las fuerzas de policía vietnamitas lo arrestaron, sólo tenía la sotana encima y el rosario en el bolsillo.

El cardenal Van Thuân recordaba aquella experiencia diciendo: «María me había preparado para la persecución desde 1975 cuando, joven y activísimo sacerdote, ante la gruta de Lourdes, me obligó a meditar en estas palabras: «No te prometo alegrías ni consolaciones, sino pruebas y sufrimiento». Palabras impresionantes que luego encontré cosidas a mí».

Durante la celebración eucarística, se distribuyó una estampa del cardenal Van Thuân con una oración, y se dio la noticia de la causa de beatificación. El cardenal Martino ha nombrado postuladora a la abogada Silvia Monica Correale.

Fuente/Autor: Zenit

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