Para salir de una pandemia, es necesario cuidarse y cuidarnos mutuamente.

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Testimonios

Camilo de Lelis, Santo

27 de enero de 2020

Fundador, 14 de julio de 1614

Etimológicamente significa “servidor del altar”. Viene de la lengua latina.

Llama poderosamente la atención el cambio que se obró en este adolescente italiano, que falleció en el año 1614. Era un huérfano y sin ningún dinero. A pesar de todo, tuvo una juventud turbulenta y muy disipada.

Cansado y aburrido, se alistó en el ejército español para participar en la batalla contra los Turcos. Lo que ganaba, se lo gastaba en el juego. Un día perdió todo lo que tenía.

Entonces empezó a buscar trabajo, una vez terminada la guerra, por todos sitios. Logró encontrarlo como portero del convento de los capuchinos.

En este lugar encontró también su conversión. Pidió que lo admitieran. Pero como tenía una úlcera incurable en una pierna, no se lo permitieron.

Fue entonces cuando entró en el hospital de Santiago de Roma para que lo cuidaran. Y en contacto con todos los enfermos, se sintió impulsado a hacerse enfermero para atenderlos.

La indiferencia de sus compañeros fue increíble. Querían acabar con él y sus buenos propósitos. Mas animado por Dios, emprendió la obra de reformar todo el hospital con un cuidado esmerado a cada enfermo, en el que veía las llagas de Nuestro Señor.

Su caridad resplandeciente atrajo a muchos de sus compañeros. Estos se reunían con él para hacer oración y armarse de ternura en el trato con los enfermos.

Este grupo va a dar lugar a la fundación de los Clérigos Regulares de los Enfermos. A nivel popular se les conocerá con el nombre de los “Camilos”.

La misión de estos religiosos, padres y hermanos, es el ejercicio de las obras espirituales y corporales con los enfermos, incluso con aquellos que hayan contraído la peste; cuidado extensivo tanto en hospitales y cárceles como en las casas particulares.

Camilo, con el paso del tiempo se ordenó de sacerdote. Agotado de tanto trabajo, murió en Roma con el consuelo de sus hermanos y enfermos.

Fuente/Autor: P. Felipe Santos | Fuente: Catholic.net

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