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Mundo Joven

Atroces crímenes han segado sueños de varias mujeres

27 de enero de 2020

La muerte violenta de mujeres ha alcanzado dimensiones que antes hubieran resultado inimaginables. Las vidas de madres, hijas, estudiantes y potenciales profesionales han sido truncadas por niveles crecientes de sadismo y brutalidad.

Socorristas y Policía recopilan evidencias en el lugar donde fueron localizados dos mujeres descuartizadas, bajo el puente Belice. (Foto Prensa Libre: Julio Lara)

Según cifras del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif), en lo que va del año se han registrado 579 femicidios, de estos 369 con arma de fuego, 43 con arma blanca, 132 por estrangulamiento y 21 descuartizadas: modalidad atroz que las autoridades atribuyen a un perverso afán de notoriedad criminal.

Los crímenes registrados hasta ahora se han perpetrado en Mixco, Villa Nueva y el sur de la capital, según el monitoreo de medios del Grupo de Apoyo Mutuo (GAM), que también señala 56 casos de hombres descuartizados este año.

Pese a la conmoción y repudio que genera este tipo de violencia, las instituciones responsables de velar por la seguridad y la justicia no proporcionaron estadísticas de este tipo de hechos. Ni el Ministerio Público (MP) ni la Policía Nacional Civil clasifican estos hechos en un apartado específico, aunque el ministro de Gobernación, Carlos Menocal, afirma que son investigados por presentar un patrón común.

Ricardo Gatica Trejo, portavoz del Inacif, reconoció que tampoco se registran de manera específica los descuartizamientos.

Vidas cortadas

Detrás de la crueldad de estos asesinatos de mujeres hay historias inconclusas de vida, sueños truncados, infantes en orfandad, lágrimas y desesperación de familiares que ven los cuerpos casi irreconocibles de quienes otrora estaban llenas de energía.

“Con este tipo de hechos, los criminales envían un mensaje de terror”, afirma Mario Polanco, director del GAM.

Septiembre ha sido el mes que más hechos han ocurrido: seis, todos cometidos contra mujeres menores de 25 años, cuyas extremidades son cortadas con diversos utensilios, en algunos casos con una precisión casi quirúrgica y en otras en forma tosca. En las colonias afectadas por estos crímenes hay un clima de hermetismo y los vecinos no se atreven a hablar.

El 3 de septiembre se hallaron los cuerpos cortados de las hermanas Sarah Fabiola y Karen Mishell González Rodríguez, hijas de un pastor, cerca de un río en la zona 18. Las investigaciones apuntan a un conflicto entre pandillas.

El 22 de septiembre, las partes del cuerpo de Dámaris Saraí Galicia Tzul, de 14 años, fueron encontradas en distintas partes de la colonia Villalobos 1 y 2, zona 12. Era una joven que estaba desempleada desde hacía tres meses.

Otras dos mujeres, una identificada como Rosario Natalie Hernández, 16 años, fueron halladas bajo el puente Belice, en la zona 6.

Niños en orfandad

Claudia Hernández, subdirectora de la Fundación Sobrevivientes, institución que brinda acompañamiento a familias víctimas de este tipo de hechos, los califica de “misóginos y cobardes”.

La activista indica que una de las consecuencias más lamentables de esta forma de violencia es que los hijos de las víctimas quedan sin la protección de un pariente. Además, cada vez que ocurre un hecho así, se encuentran muchos niños entre los curiosos, lo cual, de alguna manera, los insensibiliza.

Reacción del crimen

Las fuerzas de seguridad capturaron el miércoles recién pasado a Emerson Hernández, 19 años, integrante de “los sicópatas de la mara 18”, quien podría ser responsable de un par de casos en investigación.

Menocal explica: “Las víctimas tienen algún tipo de relación con la clica y han intentado salirse o cambiarse de pandilla, lo cual provoca la furia de los delincuentes que cometen estos crímenes, como un mensaje para los demás integrantes”. Alejandro Rodríguez, secretario de política criminal del MP, los atribuye a represalias del crimen organizado. “Hemos golpeado fuertemente a la criminalidad durante el presente año”, asegura.

Según Trejo, las investigaciones del MP han revelado que algunos de estos asesinatos forman parte de ritos de iniciación de pandillas, en donde las adolescentes son las más vulnerables. “Los cortes y la forma como envuelven los cuerpos es cuidadosa”, dice, por lo cual se deduce que hay un método.

Trejo añade que existen radioemisoras y redes sociales que hacen vulnerables a las adolescentes, pues hacen públicos sus datos personales.

Lamentablemente, nadie podrá advertir ya a las víctimas cuyos sueños, esfuerzos e ilusiones quedaron a manos de sus atroces victimarios.

Otro daño colateral es la insensibilidad progresiva que se incrusta en la sociedad ante estos hechos, por lo cual se hace necesario valorar las vidas perdidas.

Fuente/Autor: Prensa Libre

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