La juventud es un tiempo bendito para el joven y una bendición para la Iglesia y el mundo.

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Apóstol

27 de enero de 2020

Reflexión dedicada a los Jóvenes, que se están preparando a la Misión de Semana Santa.

“Ven y sígueme” – te ha dicho el Señor – Quiero hacerte pescador de hombres.
Agradece sinceramente la llamada y responde con generosidad a su invitación.

No tengas miedo de dejar tu barca y empezar a caminar con Él.
No te llama para la angustia, ni para la soledad y la frustración.

Él no quiere seguidores amargados o discípulos de rostro triste.
Te invita a una aventura inmensa y a ser para siempre un hombre enamorado.
Te llama a gozar de su intimidad y a participar de su confidencia.
Te invita a servir al mundo y a luchar por la dignidad del hombre.

Tienes un testimonio que muchos esperan y una palabra que es urgente pronunciar.
No temas ni el dolor, ni el fracaso, ni la persecución, ni el llanto.

Él va contigo hasta el final.
Sus palabras están puestas en tus labios. Déjate llevar por Él.
No te canses, pensando que vas a decir. Recuerda que no te ha elegido por tu simpatía, ni por tu bondad, no por tu belleza o inteligencia.
Es al revés: te ha elegido por tu debilidad, para que seas capaz de manifestar su fuerza.

No lo olvides: por pura misericordia se fijó en ti.

Para que le entregue tu mirada, tu sonrisa, tu cuerpo y tu vida: Síguelo.
La cosecha aprieta los operarios.

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