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Mundo Misionero Migrante

¡América, América!

27 de enero de 2020

N os guste o no, el grito “”, que dio título a la hermosa película de Elia Kazán, que narra por qué su familia quiso emigrar hacia Estados Unidos de América, sigue y seguirá siendo actual para millones de mujeres y de hombres. Entre 2000 y 2005 el saldo migratorio para EU ha sido positivo, con 6 millones de inmigrantes, de los cuales 2 millones son mexicanos. Si uno piensa que 16 millones de personas salieron de su país natal en esos cinco años debe reconocer que nuestro vecino del norte acogió más de la tercera parte de esa prodigiosa migración. Esa multitud huye de la miseria, la guerra, la ausencia de libertades o sencillamente para mejorar una situación que no es tan mala. Salen de países con niveles de promedio medianos o bajos y buscan entrar a países con altos ingresos, según el Informe sobre el desarrollo en el mundo 2007 , publicado por el Banco Mundial. No sabemos si el estudio contabiliza a los ilegales, pero no sorprende saber que los inmigrantes son jóvenes, la mitad tiene entre 12 y 29 años.

Ese flujo migratorio en un solo sentido debería aumentar en próximos años según el Population Reference Bureau y, en el caso de México, afectar a todas las categorías de la población, ricos y pobres, universitarios y analfabetas, así como a regiones hasta ahora poco tocadas por la corriente migratoria, las más pobres y periféricas de México.

Eso puede explicar que la marcha masiva de mexicanos hacia el norte haya sido utilizada por los candidatos a las elecciones estadounidenses, que propinaron una sonora bofetada al presidente Bush y dieron a los demócratas un control perdido, hace muchos años, sobre ambas cámaras del Congreso. En el marco de la campaña surgieron debates y medidas sobre cómo controlar el flujo de ilegales. Se propuso militarizar la frontera y construir un muro a lo largo de la tercera parte más permeable: un regalo de mil 300 kilómetros de cemento, acero y equipo electrónico para las constructoras. Algo muy desagradable, desde cualquier punto de vista -con inevitables referencias a todos los muros levantados por regímenes totalitarios, dictatoriales o racistas-, para los elementos liberales en EU y para nuestro nacionalismo. Además, algo que no servirá para nada, sino para volver más jugoso el negocio de los polleros y sus compinches del otro lado de la frontera, al más alto nivel.

Es lamentable que esas medidas hayan sido aprobadas y ratificadas, cuando espíritus abiertos, republicanos y demócratas, como los senadores Kennedy y McCain, proponían una verdadera política migratoria, la elaboración de un pacto internacional entre nuestros dos países. Pero no, puras medidas unilaterales y negativas, tomadas en un desesperado intento electoralista de voltear una opinión pública desilusionada con su presidente y los republicanos. ¡Cuán lejos nos encontramos de lo que decía el gran poeta Walt Whitman (1819-1892) en su obra magna Hojas de hierba!

Escribía de su querido país: “He aquí por fin en los actos del hombre, algo que corresponde a los actos que el día y la noche proclaman. He aquí no una acción meramente, sino una bullidora nación de naciones. He aquí la acción, libre de las ataduras necesariamente ciegas a las particularidades y detalles, avanzando majestuosamente en masas gigantescas. He aquí la hospitalidad (subrayo yo, J. M.) que eternamente señala a los héroes”. Parece que hoy los héroes están cansados al norte del río Grande. “Otras naciones se manifiestan en los representantes de sus pueblos, pero lo mejor y más abundante del genio de EU (.) está siempre y sobre todo en el común de las gentes (.) en el reconocimiento práctico de los ciudadanos para los de todos los otros Estados (.). Los poetas de EU deben abarcar lo viejo y lo nuevo porque EU es la raza de las razas (.). Seremos el grandioso país productor de hombres y mujeres de razas copiosas, alegres, sanas, tolerantes, libres; seremos la nación más afectuosa, la moderna nación compleja, formada de todos, con espacio para todos, dando la bienvenida a todos los inmigrantes, no la nación del hombre solamente, sino la nación de la mujer, tierra de madres, hijas, hermanas y esposas espléndidas”.

¿Qué grito rugiría el inmortal Whitman al ver esa joven madre mexicana, refugiada en un templo, amenazada de una expulsión que la separaría de su hijito? Podría decir, como un John F. Kennedy quien gritó frente al Muro de Berlín, justamente calificado de Muro de la Vergüenza, “¡soy berlinés, Ich bin ein Berliner!”, “¡soy mexicano!”.

Ahora bien, es demasiado fácil indignarse y denunciar a EU. Todos los países ricos de Europa y Asia comparten el mismo problema y la misma actitud contradictoria; en todos ellos la llegada masiva de los inmigrantes provoca rechazo, que los políticos explotan de manera demagógica. La paja y la viga, además. ¿Cómo tratamos a los hermanos guatemaltecos, hondureños, nicaragüenses que entran ilegal y masivamente a nuestro país? Debe haber un debate sobre la migración, tanto en EU como en México, y al mismo tiempo un trabajo diplomático de búsqueda, entre ambas naciones, de un modo racional de controlar, canalizar, frenar el flujo. Eso debe afectar nuestra política interna y externa. No es posible que cada año un millón de mexicanos entren ilegalmente a EU; puesto que nuestro vecino necesita gran parte de esa mano de obra, los dos gobiernos deben elaborar, como entre 1942 y 1960, un programa bien calculado y regulado de “braceros”, de “trabajadores-huéspedes”, como dicen los alemanes. Y diseñar un camino para que los indocumentados que lo merecen por su trabajo puedan legalizar su situación y encaminarse eventualmente hacia la obtención de la nacionalidad estadounidense.

La responsabilidad de México en este asunto es tan grande, si no es que mayor, que la de EU. Nos toca lograr que nuestros hermanos puedan trabajar y vivir bien aquí.

Fuente/Autor: Jean Meyer

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