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Temas

ADVIENTO

27 de enero de 2020

¿Qué es?

El tiempo que da comienzo al Año Litúrgico y empieza el domingo más cercano a la fiesta de San Andrés Apóstol (30 de Noviembre) hasta las vísperas de navidad, abarca cuatro Domingos. El primero puede adelantarse hasta el 27 de Noviembre, y entonces el Adviento tiene veintiocho días, o retrasarse hasta el 3 de Diciembre, teniendo solo veintiún días, como es el caso de este año.

Color:

La Liturgia en este tiempo es el morado.

Sentido:

El sentido del Adviento es avivar en los creyentes la espera del Señor, prepararnos para su segunda venida gloriosa, llenarnos de confianza en el cumplimiento de su Palabra, de sus promesas y celebrar su nacimiento en navidad.

Partes:
Se puede hablar de dos partes del Adviento:
a) desde el primer domingo al día 16 de diciembre, con marcado carácter escatológico, mirando a la venida del Señor al final de los tiempos;
b) desde el 17 de diciembre al 24 de diciembre, es la llamada “Semana Santa” de la Navidad, y se orienta a preparar más explícitamente la venida de Jesucristo en las Personajes: Tres son los personajes principales en este tiempo: Isaías (figura de la espera), Juan Bautista (figura de la preparación) y María de Nazaret (figura de la esperanza) son los modelos de creyentes que la Iglesia nos ofrece para preparar la venida del Señor Jesús.

1.- La doble venida de Cristo

La teología litúrgica del Adviento se mueve en la espera de la Parusía, revivida con los textos mesiánicos escatológicos del AT y la perspectiva de Navidad que renueva la memoria de alguna de estas promesas ya cumplidas aunque si bien no definitivamente.
La espera es vivida en la Iglesia con la misma oración que resonaba en la asamblea cristiana primitiva: el Marana-tha (Ven Señor) o el Maran-athá (el Señor viene) de los textos de Pablo (1 Cor 16,22) y del Apocalipsis (Ap 22,20). Resonando en las diferentes plegarias de la Iglesia.

El Adviento es una intensa y concreta celebración de la larga espera en la historia de la salvación. Es vivir la historia pasada orientada hacia el Cristo escondido en el AT que sugiere la lectura de nuestra historia como una presencia y una espera de Cristo que viene.
En el hoy de la Iglesia, Adviento es un redescubrir la centralidad de Cristo en la historia de la salvación. Se recuerdan sus títulos mesiánicos: Mesías, Libertador, Salvador, Esperado de las naciones, Anunciado por los profetas. Cristo, revelado por el Padre, se convierte en el personaje central, la clave del arco de una historia, de la historia de la salvación.

2. María, la Virgen de la esperanza

Adviento, es en el año litúrgico, el tiempo mariano por excelencia. Así lo ha expresado con toda autoridad Pablo VI en la Marialis Cultus, nn. 3-4.
Hoy el Adviento ha recuperado de lleno Mariano con una serie de elementos marianos de la liturgia, que podemos sintetizar de la siguiente manera:
 Desde los primeros días del Adviento hay elementos que recuerdan la espera y la acogida del misterio de Cristo por parte de la Virgen de Nazaret.
 La solemnidad de la Inmaculada Concepción se celebra como “preparación radical a la venida del Salvador y feliz principio de la Iglesia sin mancha ni arruga (“Marialis Cultus 3).
 En las fiestas del 17 al 24 el protagonismo litúrgico de la Virgen es muy característico en las lecturas bíblicas, en el tercer prefacio de Adviento que recuerda la espera de la Madre, en algunas oraciones, todos uniendo el misterio de Navidad en un semejanza entre María y la Iglesia en la obra del Espíritu Santo.
 Algunos de los títulos de María en Adviento:
1. Es la “llena de gracia”, la “bendita entre las mujeres”, la “Virgen”, la “Esposa de Jesús”, la “sierva del Señor”.
2. Es la mujer nueva, la nueva Eva que restablece y recapitula en el designio de Dios por la obediencia de la fe el misterio de la salvación.
3. Es la Hija de Sion, la que representa el Antiguo y el Nuevo Israel.
4. Es la Virgen del Fiat, la Virgen fecunda. Es la Virgen de la escucha y de la acogida.

3. Adviento, tiempo de la Iglesia misionera y peregrina

La liturgia del adviento sitúa a la Iglesia en un tiempo de espera, de esperanza, de oración por la salvación universal.
El Adviento es un tiempo real para la Iglesia, que se expresa en situaciones concretas, como las siguientes:
1. La Iglesia ora por una venida de Cristo para todos los pueblos de la tierra que todavía no han conocido al Mesías o no lo reconocen aún como único Salvador y Señor.

2. La Iglesia recupera en el Adviento su misión de anuncio del Mesías a todas las gentes y la conciencia de ser “reserva de esperanza” para toda la humanidad, con la afirmación de que la salvación definitiva del mundo debe venir de Cristo con su definitiva presencia escatológica.

3. En un mundo marcado por guerras y contrastes, las experiencias del pueblo de Israel y las esperas mesiánicas, las imágenes utópicas de la paz y de la concordia, se convierten reales en la historia de la Iglesia de hoy que posee la actual “profecía” del Mesías Libertador.

4. En la renovada conciencia de que Dios no desdice sus promesas -¡lo confirma la Navidad!- la Iglesia a través del Adviento renueva su misión escatológica para el mundo, ejercita su esperanza, proyecta a todos los hombres hacia un futuro mesiánico del cual la Navidad es primicia y confirmación preciosa.

5. A la luz del misterio de María, la Virgen del Adviento, la Iglesia vive en este tiempo litúrgico la experiencia de ser ahora “como una María histórica” que posee y da a los hombres la presencia y la gracia del Salvador.
6. La espiritualidad del Adviento resulta así una espiritualidad comprometida, un esfuerzo hecho por la comunidad para recuperar la conciencia de ser Iglesia para el mundo, reserva de esperanza y de gozo. Más aún, de ser Iglesia para Cristo, Esposa vigilante en la oración y exultante en la alabanza del Señor que viene.

La Corona

Origen: tiene su origen en una tradición pagana europea que consistía en prender velas durante el invierno para representar al fuego del dios sol, para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los primeros misioneros aprovecharon esta tradición para evangelizar a las personas. Partían de sus costumbres para enseñarles la fe católica. La corona está formada por una gran variedad de símbolos:
La forma circular: El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio y sin fin, y también de nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar.
Las ramas verdes: Verde es el color de esperanza y vida, y Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre.
Las cuatro velas: La luz de las velas simboliza la luz de Cristo que desde pequeños buscamos y que nos permite ver, tanto el mundo como nuestro interior. Cuatro domingos antes de la Navidad se prende la primera vela. Cada domingo, en los encuentros grupales (familia/comunidad) se enciende una vela más. El hecho de irlas prendiendo poco a poco nos recuerda como conforme se acerca la luz las tinieblas se van disipando, de la misma forma que conforme se acerca la llegada de Jesucristo que es luz para nuestra vida se debe ir desvaneciendo el reinado del pecado sobre la tierra. La luz de la vela blanca o del cirio que se enciende durante la Noche Buena nos recuerda que Cristo es la Luz del mundo. El brillo de la luz de esa vela blanca en Navidad nos recuerda como en la plenitud de los tiempos se cumple el “ DEL SEÑOR”

El pesebre o nacimiento

Es la representación del nacimiento de Jesús, su origen se la debemos a San Francisco de Asís, en 1233, quien con delicada ternura, quiso regalar a los habitantes de la ciudad de Greccio, Italia la memoria viva del nacimiento de Jesús, e invitó a todas las personas a asistir al pesebre viviente. Este gesto tocó hondamente el corazón de las personas y poco a poco se extendió a todas partes. Es una forma de meditación en la humanidad del Hijo de Dios, que despierta ternura, cariño y compasión, al descubrir en la noche de Belén a Jesús en los tiernos brazos de Madre, acompañado por su padre, una mula y el buey. Iluminados por el esplendor de la estrella de David.

El árbol de navidad

Es una tradición de origen protestante, de 1525, Lucero trajo a su casa un arbolito que adornó con velas e invitó a muchas personas y dijo “Las velas en el pino simbolizan las estrellas del cielo, de donde el Niño Jesús vino para salvar al mundo”. Todos los cristianos, hemos encontrado un gran simbolismo al observar como en los países de un denso invierno el único árbol que continúa verde y frondoso, no obstante la nieve, es el pino. De esta forma nos recuerda al verdadero árbol de la vida, Cristo Jesús, lleno de luces, que representan la luz inaccesible de Dios.

1.- Actitud de espera con esperanza.

El mundo necesita de Dios. La humanidad se siente desencantada y desamparada. En nuestros corazones aguardan deseo y necesidad de bienestar, unidad, paz, desarrollo, tolerancia, respeto, libertad, que no encuentran toda su realización en la realidad. Vivimos atareados, desconfiados, temerosos, oprimidos, decepcionados, tristes, permitiendo que la desesperanza llegue a nuestros corazones y nuestras conciencias. Jesús quiere llenar ese vacío con su cercanía, con su Señorío (Filp 2,11) en nuestras vidas, “El Señor está cerca, para salvar a los que tienen el corazón hecho pedazos y han perdido la esperanza” (Sal 34,18) cuando él viene hace nuevas todas las cosas (Ap 21,5). Debemos aferrarnos a nuestros sueños, nuestra esperanza es abono para la Buena Nueva. Adviento nos enseña a estar vigilantes, despiertos, atentos, a tener el corazón preparado, acercándonos al corazón del otro porque vive nuestra misma realidad. En este tiempo, comprendamos a los demás, seamos tolerantes y fraternos, ¡viene el Señor!

2. El retorno a Dios.

La experiencia de frustración, de contingencia, de ambigüedad, de cautividad, de pérdida de la libertad exterior e interior de los hombres y mujeres de hoy, suscita consciente o inconscientemente la sed de Dios (Sal 42, 2), y la necesidad de «subir a Jerusalén» como lugar de la morada de Dios, según los salmos de este tiempo. La infidelidad a Dios destruye a la persona, su dignidad y su valor, destruye al pueblo, su fraternidad y su historia. Cuando somos fieles a Dios recuperamos nuestra verdadera identidad e historia. El adviento nos ayuda en este camino que comienza por conocer mejor a Dios y su amor a la humanidad. Nos da conocimiento personal de Cristo, que se encarnó abandonando su propia naturaleza (Filp 2,7) para acercarse a nuestra historia.

3. La conversión.

Es transformación, dejar de ser de una manera para ser de otra, significa dejar nuestra antigua manera de vivir llena de pecado personal y social y entregar todas las áreas de nuestra vida a Cristo para que él las gobierne y nos perdone “que el malvado deje su camino, que el perverso deje sus ideas; vuélvanse al Señor, y el tendrá compasión de ustedes; vuélvanse a nuestro Dios, que es generoso para perdonar” (Is 55,7). Es darle la espalda a la oscuridad para quedar de frente a la luz que es Cristo. En Adviento nos encontramos con el reino de Dios que está cerca, dentro de nosotros (Lc 17,21).
La voz del Bautista es el clamor del adviento: «Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios … » (Is 40,3-5; Lc 3, 4b)). El adviento nos enseña a hacernos presentes en la historia de la salvación de los ambientes, a entender el amor como salida de nosotros mismos y la solidaridad plena con los que sufren.

4. Gozo y alegría.

Nuestro gozo viene del Señor. La venida del Mesías es el anuncio del gran gozo para el pueblo, de una alegría que conmueve hasta los mismos cielos cuando el pecador se arrepiente (Lc 15,7). El adviento nos enseña a conocer que Cristo, y su pascua, es la fiesta segura y definitiva de la nueva humanidad. Hay gozo en nosotros cuando estamos reconciliados, Jesús cambia nuestro lamento en danza y nos viste de alegría (Sal 30,11). Dejémoslo entrar en nuestros corazones, en nuestros espacios familiares, en las relaciones con los amigos, en el trabajo, los estudios, llevémoslo a todas partes, la persona y las estructuras sociales necesitan ser tocadas por el gozo que viene del amor de Dios. El quiere que vivamos así, confiados, seguros, alegres en él “¿Por qué voy a desanimarme, por qué voy a estar preocupado mi esperanza he puesto en Dios, a quien todavía seguiré alabando. Él es mi Dios y Salvador! (Sal 42,5)

Primer domingo:
“Velen y estén preparados, que no saben cuando llegará el momento”

Objetivos:
 Animar a los y las participantes en la esperanza de la venida del Señor.
 Identificar a la luz de la Palabra las situaciones de nuestra vida que durante este año no han permitido que estemos vigilantes y despiertos.

Ambientación: el animador/a recibe y saluda a los participantes, les invita a tomar asiento. Es recomendable un canto de adviento como dinámica de ambientación e integración. Si los participantes no se conocen, preparar una dinámica de presentación.
La corona, ya bendecida, debe estar en un sitio adecuado, las velas apagadas. El sitio decorado para el momento.
Para la dinámica de iniciación prever una hoja de papel por cada participante. Y el sitio en semi oscuridad.
Bienvenida: Animador/a: Hermanos y hermanas, hoy es el primer domingo de adviento, estamos contentos al reunimos para compartir la Palabra, prepararnos como familia cristiana para la venida del Señor. Hemos sido invitados a participar en este encuentro y hemos acudido a la cita. Eso quiere decir que algo nos une, entre muchas cosas que podíamos estar haciendo, decidimos venir al encuentro. ¿Quiénes somos?, ¿Porqué vinimos?, ¿Qué buscamos aquí?, ¿Qué queremos compartir? Estemos atentos, despiertos y vigilantes a la llegada del Señor, viene en su Palabra, viene en nuestros acontecimientos, viene en el otro y la otra.
Dinámica de entrada: (Adaptada de Ginel, A. 1999. Materiales para el adviento, p. 101).
Animador/a: Hemos dicho que adviento es tiempo de venida, de espera, de encuentro, Dios ilumina nuestros deseos y vivencias más íntimas.
Cada persona tiene una historia llena de experiencias alegres, tristes, de sueños y esperanzas. ¿Qué me pasó ayer y cómo estoy dispuesto/a a acoger en mi vida lo que me pase hoy?
Te propongo un momento para revisar esto, que nos ambiente en la tarea que haremos semana a semana. (entrega a cada participante una hoja en blanco)
Si quieres toma una de estas hojas, arrúgala bien, hasta que hagas una bola de papel. (se deja tiempo para hacer esta actividad).
Toma esa bola de papel que acabas de hacer, e imagina que es tu vida, tu historia, todo aquello de lo que tienes conciencia, lo que sientes, lo que conoces muy bien, lo que no conoces tan bien y te hace exclamar (Por qué me pasa a mi esto? ¿Dónde ha estado Dios cuando viví esta situación?
Poco a poco vas “desarrugando” esa vida tuya, no corras, tómate tu tiempo. Al hacerlo, fíjate en las cosas que tienes claras, en las que no ves con tanta claridad, en aquello que es duro para ti, oscuro, injusto, incomprendido, que se te escapa de las manos, en aquello que puedes “desarrugar” y en lo que necesitas ayuda para poder “desarrugarlo” y que te hace gritar “Ven Señor, no tardes más”. Tómate tu tiempo, deja que fluyan tu imaginación y sentimientos. Ve tu realidad personal, familiar, comunitaria, como país.
Al final, quédate con tres cosas, o con una que realmente te preocupa. Con estas preocupaciones, aspiraciones, sueños, llegas al adviento de este año. Estas son las “salvaciones” que esperas para ser feliz, en las que esperas que el Señor venga, que muestre su amor, que cumpla sus promesas. Anótalas en el papel.
Para comenzar no necesitamos más. Basta con que tengas tu vida en las manos y, sobre todo, la parte de tu vida que has reservado en lo que acabas de escribir.
En silencio y en casi total oscuridad nos volvemos hacia el Señor que esperamos y nos presentamos ante él con lo que ahora tenemos y deseamos.
(Con la sala se oscura, se entona un canto de adviento y se guarda un momento de silencio).
Todos/as: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Animador/a: Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
Todos/as: Que hizo el cielo la tierra.
Animador/a: Oh Dios, resuena en nosotros el clamor de tu venida, haz que te esperemos llenos de gozo y alegría, preparados para recibirte.

Todos/as: Amén

Canto. (Buscar uno apropiado)

Para pedir perdón:

La luz brilla, pero nosotros/as seguimos haciendo espadas para herir en vez de arados para sembrar.
Señor, ten piedad

El día llega, pero puede más el sueño de la noche y las tinieblas y nos conducimos con torpeza y egoísmo
Cristo, ten piedad

El Señor llega, y nos cuesta reconocerlo ¡estamos muy ocupados en lo nuestro! ¡Estamos muy despreocupados y desconectados de los otros/as y de Dios!
Señor, ten piedad

Animador/a: Escuchemos la Palabra. Estemos atentos a ¿qué dice la Palabra? Y ¿Qué me dice a mí?.

Lector/a: Lectura del Evangelio según San Lucas “…Tengan cuidado y no dejen que sus corazones sean insensibles por los vicios, las borracheras y las preocupaciones de esta vida. Estén ustedes preparados, orando en todo tiempo, para que puedan escapar de todas estas cosas y para que puedan presentarse delante del Hijo del hombre”. (Lucas 21, 34,36)

Ideas para la reflexión
1. Qué me ha llamado más la atención, cómo resuena la Palabra en mi corazón, qué me hace responderle a Dios este texto del Evangelio.
2. El Señor viene, creamos firmemente en su venida. No permitamos que situaciones de pereza, egoísmo, indiferencia, decepción, conformismo nos roben la esperanza y la alegría.
3. La invitación es a estar despiertos/as, atentos/as, vigilantes, preparados/as y orantes para recibir al Señor. Estar despierto, atento, vigilante significa tener conciencia de los momentos que vivo, en la noche no dejarme vencer por el sueño. La noche es oscuridad, ¿Cuál es mi oscuridad?, ¿Qué situaciones pueden representar el sueño, el letargo en mi vida, o cuáles distracciones me impiden vigilar, estar despejado en mente y corazón mientras otros duermen?
4. ¿Qué preocupaciones enfrentamos en esta vida?
5. ¿Cómo podemos superar nuestras preocupaciones diarias, para dar espacio a los demás, estando vigilantes ante sus necesidades?

Compromiso personal
Animador/a: Después de la interpelación de la Palabra, qué le respondo yo, cuál es mi compromiso con Jesús que me ha hablado.
Se dejan unos minutos de reflexión interior para que cada persona participante haga su compromiso, el cual puede espontáneamente expresar en voz alta.
(Se enciende una de las velas de la corona, mientras se entona un canto)

Animador/a: Les anuncio el gozo del Adviento con la primera llama ardiendo; se acerca ya el tiempo de salvación, dispongamos, pues, la senda al Señor, que con su luz ilumina nuestra noche oscura.
Despedida. Animador/a: Con esta vela encendida que nos recuerda como Jesús viene acercándose a su pueblo, iluminando nuestra historia; hagamos eco de la Palabra, y repitamos una palabra o la frase que nos haya parecido más importante en esta reunión, que se quedó guardada en el corazón.
(Se deja un espacio para la participación espontánea).
Animador/a: Señor, gracias por reunirnos en torno a tu Palabra y esta corona. Ayúdanos a vivir intensamente este Adviento y prepararnos para recibirte. Por Cristo Nuestro Señor.

Todos/as: Amén.

Animador/a: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Todos/as: Amén
Se cierra invitando a compartir una merienda fraterna, y dejar la invitación para la próxima reunión, indicando día, hora y lugar.

Segundo domingo

“Preparen el camino, Jesús llega”
Objetivos:
 Animar a los y las participantes en la esperanza de la venida del Señor.
 Ayudar a los y las participantes que identifiquen aspectos personales y sociales que deben cambiar en la preparación del camino del Señor.

Ambientación: el animador/a recibe y saluda con fraternidad a los participantes, les invita a tomar asiento. Es recomendable un canto de adviento como dinámica de ambientación e integración. Al comienzo de la celebración la corona debe tener encendida la vela del domingo anterior.

Bienvenida:

Animador/a: Es nuestra segunda reunión, estamos alegres, vigilantes ante la venida del Señor, él está cada vez más cerca de nosotros/as, su presencia es real y debemos prepararnos dignamente para recibirlo en nuestros corazones. Este encuentro nos ayudará a allanar el camino del corazón para su venida.
La Iglesia venezolana celebra hoy la Solemnidad de la Inmaculada Concepción. Y así como Dios hizo maravillas en María, las hace en ti, en tu familia, en nuestro pueblo. Con el profeta, proclamemos la venida del Señor desde nuestra vida. Estamos llamados a proclamar estas dos verdades, la que se cumple en María y su venida. Veamos como se cumplen en nuestra vida y en los demás.

Todos/as: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Animador/a: Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
Todos/as: Que hizo el cielo la tierra.
Animador/a: Señor, tu eres fiel a tus promesas, tu viniste, vienes y vendrás, nosotros te esperamos llenos de alegría.

Todos/as: Amén

Canto. (Buscar uno apropiado)

Para pedir perdón

De nuestra desgana, de nuestro miedos e indiferencias
Señor, ten piedad

De nuestras falsas salvaciones, falsas alegrías,
Cristo, ten piedad

De nuestros oídos sordos, nuestros ojos que no miran, de nuestros corazones que no te esperan, de nuestras manos y pies que no te preparan el camino
Señor, ten piedad

Canto

Animador/a: Escuchemos atentamente la Palabra, nuevamente atentos a qué dice ella y qué me dice personalmente.

Lector/a: Lectura del Evangelio según San Lucas: “…y Juan pasó por todos los lugares junto al río jordán, diciendo a la gente que ellos debían volverse y ser bautizados, para que Dios les perdonara sus pecados. Esto sucedió como está escrito en libro del profeta Isaías “Una voz grita en el desierto, preparen el camino del Señor, ábranle un camino recto…’”. (Lucas 3, 3-4)

Ideas para la reflexión

1. Qué me ha llamado más la atención. Cómo resuena la Palabra en mi corazón y qué me hace responderle a Dios este texto del Evangelio.
2. Juan Bautista proclama un bautismo de penitencia. La palabra griega para penitencia es metanoia, que se refiere a un “cambio de corazón” o “cambio de mentalidad”. Significa conversión, darle la espalda a…, y quedar de frente a… Es una nueva manera de mirarnos a nosotros mismos, a nuestra vida, a nuestro prójimo necesitado y a la sociedad.
3. A que debo darle la espalda, hacia donde debo empezar a mirar y caminar.
4. Cuáles situaciones de pecado podemos identificar en la sociedad que necesiten una conversión, que lastimen a Dios porque van en contra de la felicidad de sus hijos e hijas; por ejemplo el materialismo, la mentira, los atropellos contra la dignidad de la persona, la discriminación, la violencia, entre otros.
5. Metanoia es también un llamado a la acción. Esta semana, los pasos del sendero nos desafían a ver el mundo con nuevos ojos, a plasmar los dones que hemos recibido y a iluminar la forma en que podemos compartir nuestros dones y llevar a cabo acciones solidarias con los más necesitados. Es tener la voluntad de cambiar, de no permanecer indiferentes.
6. ¿Cuáles son las cosas maravillosas que Dios ha hecho en mi vida recientemente?
7. ¿Cuáles cosas maravillosas quiere hacer este nuevo año?
8. ¿Está mi corazón preparado para recibirlo?
9. ¿Cuáles caminos tengo que allanar?
10. ¿Qué dones nos ha dado el Espíritu Santo?
11. ¿Cómo podemos usar esos dones para ayudar en la construcción de un mundo más solidario, más justo, más humano?

Compromiso personal
Animador/a: La Palabra nos ha hablado, qué le respondo yo, cuál es mi compromiso con Jesús.
Se dejan unos minutos de reflexión interior para que cada persona participante haga su compromiso, el cual puede espontáneamente expresar en voz alta.
(Se enciende la segunda vela de la corona, mientras se entona un canto)

Animador/a: La luz de Cristo brilla en medio de nosotros, y viene a rescatarnos de la oscuridad.
Animador/a: Elevemos ahora nuestras peticiones a Dios Padre y respondamos a cada una de ella: “VEN SEÑOR JESÚS”.
Por la Iglesia, el Papa, los obispos y sacerdotes
Por la vida consagrada
Por las familias
Por los que confunden amor con egoísmo
Por los tristes que pedieron el gusto por la vida
Por los que desesperan
Por la paz de Venezuela y sus gobernantes
Por erradicar la violencia de nuestras vidas, familias, comunidad
Por la justicia, la tolerancia y la reconciliación
Porque podamos ver las maravillas de Dios en nosotros
Por el dolor de las víctimas, entre otras

Despedida.
Animador/a: Démosle gracias al Señor, hagamos eco de su Palabra, repitamos una frase o palabra que nos haya parecido más importante este día de compartir. Se guarda silencio y espera la participación espontánea

Animador/a: Jesús, Ayúdanos a vivir intensamente este Adviento y prepararnos para recibirte. Por Cristo Nuestro Señor.

Todos/as: Amén.

Animador/a: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Todos/as: Amén
Se cierra invitando a compartir una merienda fraterna, y dejar la invitación para la próxima reunión, indicando día, hora y lugar.

Tercer domingo

‘¿Qué debemos hacer?’

Objetivos:
 Animar a los y las participantes en la esperanza de la venida del Señor.
 Identificar en el evangelio la vivencia de los valores de justicia, igualdad, respeto por la persona y amor, como claves de conversión y cercanía con Jesús

Ambientación: el animador/a recibe y saluda con fraternidad a los participantes, les invita a tomar asiento. Es recomendable un canto de adviento como dinámica de ambientación e integración. Al comienzo de la celebración la corona debe tener encendida las dos velas de los domingos anteriores.

Bienvenida:

Animador/a: Estamos ya en la tercera semana de Adviento, aumenta nuestra alegría y nuestro júbilo por la venida del Señor Jesús, que está cada vez más cerca de nosotros. En este encuentro la liturgia nos enseña la caridad, la justicia con los más necesitados y la alegría que nace de la conversión. Estas tres actitudes son nuestra mejor ofrenda para llevar al pesebre del niño Dios en navidad.

Todos/as: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Animador/a: Ven Espíritu Santo.
Todos/as: llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.
Animador/a: Envía tu Espíritu creador

Todos/as: Y renovarás la faz de la tierra

Animador/a: Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus hijos con la luz del Espíritu Santo, haznos dóciles a sus inspiraciones para gustar siempre del bien y gozar de su consuelo. Por Cristo Nuestro Señor.

Todos/as: Amén.

Canto.

Para pedir perdón

Por el egoísmo de nuestros corazones que nos impide verte cercano y proclamar tus maravillas en nosotros
Señor, ten piedad

Por la debilidad e nuestra fe, que nos hace perder la esperanza en tu venida
Cristo, ten piedad

Por las injusticias cometidas contra nuestros hermanos más necesitados, robándoles la alegría, la esperanza y la confianza
Señor, ten piedad

Animador/a: Escuchemos la Palabra. Dios quiere hablarnos. Qué dice Dios en su Palabra, qué me dice a mí en su Palabra.

Lector/a: Lectura del Evangelio según San Lucas: “La gente le preguntaba: ‘¿Qué debemos hacer?’ Juan contestó: ‘Quien tenga dos túnicas, que dé una al que no tiene ninguna, y quien tenga comida, que haga lo mismo’”. (Lucas 3, 10-11)

Ideas para la reflexión

1. Qué me ha llamado más la atención, cómo resuena la Palabra en mi corazón, qué me hace responderle a Dios este texto del Evangelio
2. “La caridad nunca será verdadera caridad si no tiene siempre en cuenta la justicia… Ni con pequeñas dádivas de misericordia pretenda nadie eximirse de los grandes deberes impuestos por la justicia”. (Papa Pío XI)
3. La caridad cubre las necesidades inmediatas de la gente en cuanto a alimento, ropa y cobijo. La justicia nos desafía a examinar las estructuras de nuestra sociedad que permiten que continúe la pobreza, la desigualdad, la injusticia, la intolerancia. Esta s la justicia social que nos exige actuar conforme al respeto por la dignidad humana.
4. También existe la justicia evangélica, dirigida al cambio de lo más profundo de nuestros sentimientos y de las decisiones personales. ¿Qué sentimientos mueven mis acciones?
5. ¿Soy una persona con actitudes de justicia y caridad?, ¿Cómo me valoro a mi mismo/a y cómo me perciben los demás?.
6. Estamos comprometidos a recorrer el sendero que lleva hacia Cristo aliviando la pobreza en nuestras comunidades.
7. La enseñanza social de la Iglesia enfatiza la importancia de responder a las necesidades de la gente con caridad y a la vez con justicia, porque solo así se restituye la dignidad perdida.
8. ¿Qué actos de caridad y de justicia social estamos dispuestos/as realizar para aliviar la pobreza en la comunidad?
9. Qué actos de caridad estamos dispuestos/as a hacer en nuestra familia para reconciliarnos entre nosotros.

Compromiso personal
Animador/a: Y ahora, colocado/a frente a la Palabra, escuchando su voz, qué le respondo yo.
Se dejan unos minutos de reflexión interior para que cada persona participante haga su compromiso, el cual puede espontáneamente expresar en voz alta.
(Se enciende la tercera vela de la corona, mientras se entona un canto)

Animador/a: Al encender esta tercera vela, hay menos oscuridad, la luz de Cristo se hace presente con más fuerza en nuestros corazones.
Animador/a: Elevemos juntos/as nuestra oración:
“Señor, tu has venido a nuestras vidas, te has metido en nuestros hogares, te has metido en nuestra ciudad, has traspasado nuestras puertas cerradas por el miedo y te has quedado en medio de nosotros/as.
Señor, tu presencia ha allanado nuestro orgullo; tu acción ha transformado nuestra historia
A veces nos hemos resistido a escucharte, pero tú has insistido en el diálogo, nos hemos negado a verte y tu presencia se manifiesta insistentemente en el rostro del hermano
Un camino nuevo comienza, quiero recorrerlo para ver tu salvación

Despedida.
Animador/a: Señor, queremos hacer resonar tu Palabra. Entonces repitamos una frase o palabra que nos haya parecido más importante este día de compartir. Se guarda silencio y espera la participación espontánea

Animador/a: Jesús, tu bondad y tu fidelidad son infinitas, acércate a nosotros, que queremos recibirte. Por Cristo Nuestro Señor.

Todos/as: Amén.

Animador/a: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Todos/as: Amén
Se cierra invitando a compartir una merienda fraterna, y dejar la invitación para la próxima reunión, indicando día, hora y lugar.
Nota importante: Se motiva al grupo a preparar para el próximo encuentro una ofrenda desde nuestro corazón, relacionada con la experiencia compartida, el aprendizaje y el compromiso que durante estas cuatro semanas han ido madurando en nosotros/as. Recordando que una ofrenda es un regalo, lo que doy, lo que pongo a los pies del Señor; traigo de lo que tengo, lo que soy, mi pequeñez para que el Señor lo transforme y lo haga grande.

Cuarto domingo

“¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme?

Objetivos:
 Animar a los y las participantes en la esperanza de la venida del Señor.
 Identificar en el testimonio y servicio de María claves de preparación para recibir al Señor.

Ambientación: Traer algún símbolo para ofrendar al Señor, desde nuestra relidad personal. El animador/a recibe y saluda con fraternidad a los participantes, les invita a tomar asiento. Es recomendable un canto de adviento como dinámica de ambientación e integración. Al comienzo de la celebración la corona debe tener encendida las tres velas de los domingos anteriores.

Bienvenida:

Animador/a: Queridos hermanos y hermanas, estamos contentos de haber llegado juntos/as a la celebración de la cuarta semana de adviento, hemos caminado como hermanos esta ruta, trazada hacia el encuentro con Jesús y con los demás. Hemos dejado trazada la ruta hacia la paz. Con la mirada en el Señor y en la persona humana, en sus luchas, anhelos, vicisitudes y necesidad de reconciliación. Estamos próximos a celebrar la navidad, con gozo esperamos la gran fiesta de la Encarnación.
Todos/as: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Animador/a: Ven Espíritu Santo.
Todos/as: llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.
Animador/a: Envía tu Espíritu creador

Todos/as: Y renovarás la faz de la tierra

Animador/a: Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus hijos con la luz del Espíritu Santo, haznos dóciles a sus inspiraciones para gustar siempre del bien y gozar de su consuelo. Por Cristo Nuestro Señor.

Todos/as: Amén.

Canto.

Animador/a: Escuchemos la Palabra. Dios quiere hablarnos. Qué dice Dios en su Palabra, qué me dice a mí en su Palabra.

Lector/a: Lectura del Evangelio según San Lucas: “¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme? Dichosa tú que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”. (Lucas 1, 43,45)

Ideas para la reflexión:

1. Qué me ha llamado más la atención del texto leído. Cómo resuena la Palabra en mi interior y que me hace responderle a Dios este texto del Evangelio.
2. “María siempre parece ser el Adviento de lo que le está deparado al hombre. Ella espera a Cristo por nueve meses, mientras lleva el cielo en sus entrañas; ella anticipa Su pasión en Canaán, y Su Iglesia en Pentecostés”. (Arzobispo Fulton Sheen).
3. Antes del nacimiento de Jesús, María recorrió el sendero del amor consciente de que llevaba a Dios consigo en cada paso del camino. Y esa conciencia la llenaba de gozo y compromiso con el más necesitado. ¿Qué dice esta actitud a mi vida?
4. María siguió su camino con Jesús a lo largo de su vida, muerte y resurrección. ¿Acompaño yo con esta misma fidelidad mi propio camino, el de mi familia, el de mi pueblo? O por el contrario, abandono, decepciono, engaño, me detengo, reniego, me devío.
5. Estamos llamados a aprender de María, a decirle “sí” al Señor, serle fieles y aceptar a Jesús en nuestros corazones, que es la Luz del mundo.
6. Como María, debemos dar testimonio de Jesús y servir a los más necesitados sin mezquindad, pensando siempre en el otro antes que en nosotros mismos.
7. ¿Cómo está nuestra fe? ¿Quienes nos conocen pueden decir de nosotros como dijo Isabel de María “dichosa tú que has creído”?
8. ¿Si creemos?, ¿en qué, en quién creemos?
9. ¿Cómo ha cambiado esta jornada de Adviento nuestras actitudes sobre nuestra vocación de servicio, entrega, búsqueda incansable de la verdad, amor por la persona, nuestra misión de proclamar a Cristo proclamando la justicia, reconociendo en las persona la presencia de Dios y su dignidad?
10. ¿Qué regalo le vamos a dar al Niño Dios en el pesebre?
11. En el nuevo año, cómo vamos a vivir las relaciones con Dios y las personas.
12. ¿Que estamos dispuestos/as a dar para construir un mundo más humano, más justo, más solidario, donde el respeto por la dignidad de la persona testifique de Cristo?

Compromiso personal
Animador/a: ¿Cuál es el compromiso con el cual queremos cerrar esta jornada y abrir el próximo año? ¿Cómo quiero vivir en lo adelante, con qué mundo sueño y cuál es mi aporte para que sea una realidad?
Se dejan unos minutos de reflexión interior para que cada persona participante haga su compromiso, el cual puede espontáneamente expresar en voz alta.
(Se enciende la última vela de la corona, mientras se entona un canto)

Animador/a: Al encender esta última vela, ya no hay oscuridad, la luz de Cristo está presente con su fuerza en nuestros corazones.
Canto: Se propone un canto festivo, que anime a la fraternidad
Animador/a: Ya con la luz de Cristo en medio de nosotros, con el niño Dios presente en el pesebre, reunidos/as como hermanos/as ofrendemos a Jesús lo que hemos traído para él.
Así cada persona presentará su ofrenda simbólica que se irán colocando alrededor de la corona de adviento. Al finalizar tomados de la mano se entona un canto festivo y se saludan con la paz.
Despedida.
Animador/a: Hemos llegado al final, hemos recorrido juntos un camino y hoy estamos aquí, nos hemos hecho más hermanos y hermanas, compañeros y compañeras de camino. Las puertas están abiertas y el camino trazado para comenzar un nuevo año con una nueva actitud.

Cerremos este momento con una frase o palabra que resuma la experiencia compartida domingo a domingo y los compromisos hechos, digámosle a los demás lo que ha significado para nosotros recorrer este espacio junto a ellos y ellas, una frase afirmativa, en positivo, llena de esperanza. Animémonos a entrar en el 2007 por la puerta de la reconciliación, el amor, la fraternidad, la justicia, el gozo y la alegría. Se guarda silencio y espera la participación espontánea

Animador/a: ¡El Señor está con nosotros/as! su bondad y su fidelidad son infinitas, prepáranos para vivir cercanos a ti cada día. Por Cristo Nuestro Señor.

Todos/as: Amén.

Animador/a: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Todos/as: Amén
Se cierra invitando a compartir una merienda fraterna, con ella se celebra la venida de Jesús en la navidad. Nos preparamos para recibirle en el pesebre. ¡Feliz navidad a todos y todas!

Fuente/Autor: Conferencia Episcopal de Venezuela

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