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Mundo Misionero Migrante

400 mil personas que cada año intentan hacer ese cruce de manera ilegal

27 de enero de 2020

Javier Lizarzaburu visitó la frontera California-México y estas son algunas de sus impresiones.

Déjenme empezar por el final. Y es que si tuviera que describir la frontera California-México, diría que este es un espacio de riqueza, de conflicto, de muerte y de creatividad. Todo coexistiendo en un mismo tiempo y en un mismo espacio.

Y es esa sensación de caos, incongruencias y excesos lo que hace de esta región una de las más vitales que jamás haya visto. Para empezar, las estadísticas requieren ser tomadas con atención: esta es la zona de mayor tráfico terrestre del planeta. Por los seis puertos de entrada el año 2000 cruzaron de manera legal cerca de 100 millones de personas.

Para Estados Unidos, el dilema gira alrededor de las cerca de . Y para hacer frente a lo que ellos consideran “esta avalancha de gente”, hace seis años que se reforzaron las medidas de control fronterizo. En California este conjunto de medidas se llamó Operativo Guardián.

De un lado de la frontera se describe este operativo como un éxito. Ciertamente, el número de personas intentando cruzar ha disminuido dramáticamente. Pero sólo para aumentar por la frontera de Arizona, donde murieron los 14 mexicanos. Desde el inicio de estas medidas, se calcula que unas dos mil personas han muerto en el intento, en los cuatro estados fronterizos (California, Arizona, Nuevo México y Texas).

El boom económico

Es cierto que el atractivo principal para cruzar la frontera es la posibilidad de trabajo en el país del norte. Pero la misma región limítrofe viene experimentando varios años de un boom económico. Éste ha estado marcado por el inicio del TLC o el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Según un reportaje especial publicado por la revista “Time” -que dice que esta frontera se ha convertido en un mundo aparte llamado “Améxica”- en un día cualquiera desde México salen: un millón de barriles de petróleo, 166 autos Volkswagen-Beetles nuevos, 16,250 tostadoras y una infinidad de artículos más, que son producidos por la industria maquiladora de esa región.

No cabe duda de que la economía ha crecido hasta convertirse en una de las más dinámicas del planeta. El sector mexicano cuenta con el mejor nivel de salario del país. Y si bien del lado de Estados Unidos se encuentran las zonas más pobres, éstas siguen siendo más ricas que las del lado mexicano.

El lenguaje de los símbolos.

Cuando llegué al eje San Diego-Tijuana, no pude menos que sorprenderme por la exuberancia de estas estadísticas. Pero el mundo de los símbolos no es menos seductor. En ese viaje, un grupo de periodistas extranjeros habíamos sido invitados por el Departamento de Estado de Estados Unidos para conocer un poco más de cerca esta realidad.

Es así que viajando en uno de esos cómodos autobuses con aire acondicionado con destino a Tijuana, lo primero que golpea el ojo de cualquier curioso es la inmensa M que se destapa en el panorama. A sólo unos metros de la frontera, McDonalds ha instalado uno de sus restaurantes y este, en particular, lleva el más gigantesco de los típicos emblemas de la empresa que haya visto en este país, o en cualquier otro para tal caso.

Lo curioso fue que al voltear al otro lado y divisar territorio mexicano, el único elemento que saltaba a la vista era la gigantesca bandera que flameaba en la distancia. ¿Conclusión? Sí, es una tentación pero, de nuevo, habría que ir con cuidado.

Es cierto que el capitalismo ha alcanzado sus mayores niveles de expansión en el país del norte, pero sería injusto decir que del lado mexicano no están interesados en el dinero o que, por el contrario, que los vecinos del norte prefieren el billete a la bandera. Muchos especialistas le dirán de inmediato que hay pocos países tan patriotas o patrioteros, según cómo se mire el tema, como Estados Unidos.

“¿Améxica?”

Y quizá es cierto, como dicen muchos a ambos lados de la frontera, que éste es un mundo aparte. De hecho, según me dijo Paul Ganster, director del Instituto de Estudios de las Californias, en la Universidad de San Diego, “la zona San Diego-Tijuana está considerada la metrópolis binacional más grande del planeta”. Con más de cuatro millones de personas, es una de las de más rápido crecimiento.

Para unas 350 mil personas la frontera no existe. Para ellos un lugar es el centro de trabajo y el otro la ciudad donde viven

Más aún, me dijo por otro lado Jorge Santibañez, director del Colegio de la Frontera, un centro de investigación en Tijuana, “para unas 350 mil personas la frontera no existe. Para ellos un lugar es el centro de trabajo y el otro la ciudad donde viven”. Es verdad también que la mayoría de esas personas hacen el “commuting” de Tijuana a San Diego.
Y si bien por un lado se viven los dramas generados por la migración y las políticas fronterizas y, de otro, la abundancia o las promesas del desarrollo económico, no es menos cierto que este crecimiento ha venido a un costo.

Salud y contaminación.

Uno de ellos tiene que ver con el medio ambiente. La industria maquiladora se ha instalado en una zona fronteriza donde el flujo de agua es particularmente escaso. Varios estudios han señalado esta situación como una bomba de tiempo. Los pocos ríos que existen han sido seriamente contaminados por los desechos industriales.

A todo lo largo de la frontera, según datos del Banco Norteamericano de Desarrollo (NADB), un 30 por ciento de la población no cuenta con servicios de agua y desagüe y la proliferación de enfermedades ha generado situaciones críticas en varias ciudades.

Incluso enfermedades que se creían desterradas de Estados Unidos ha hecho su aparición en la zona fronteriza, como dengue y tifoidea

“Incluso”, me dijo Suzanne Gallagher del NADB, “enfermedades que se creían desterradas de Estados Unidos ha hecho su aparición en la zona fronteriza, como dengue y tifoidea”. Se calcula que un tercio de los casos de tuberculosis en este país, se padece en esta región.

Relaciones bilaterales.

¿Cómo se vislumbra el futuro? Para funcionarios de ambos gobiernos, con optimismo. Es cierto que las tradicionalmente difíciles relaciones entre los dos países, atraviesan por un periodo de acercamiento sin precedentes. Nunca, tampoco, el destino de ambos había dependido tanto del otro.

Para algunos es cuestión de acuerdos. Para otros, una cuestión de confianza. Y éste último es un factor que se cree ha afectado históricamente las relaciones bilaterales. Particularmente en el contexto de las drogas. Estados Unidos calcula que cerca del 90 por ciento de las sustancias ilícitas penetra por su frontera sur. Por ahora, Washington y Ciudad de México están avanzando en acuerdos que faciliten la cooperación y el intercambio de información.

Ambos gobiernos parecen dispuestos a hacer borrón y cuenta nueva.

En todo caso, ambos gobiernos parecen dispuestos por ahora a hacer borrón y cuenta nueva. Para el presidente George W Bush, atrás quedó la escandalosa época Clinton y para Vicente Fox, atrás quedaron 70 años del PRI.

Mapa hacia el futuro

Una de las tareas pendientes en esta región, según han concluido varios estudios binacionales, es asegurar la continuidad del desarrollo económico, tomando en cuenta necesidades sociales básicas, necesidades de infraestructura urbana y un mejor manejo de los recursos naturales.

Y si tuviera que describir la frontera diría que es un espacio donde confluyen riqueza, conflictos, muerte y creatividad, con millones de personas viviendo al medio de dos fuerzas. Una que empuja por la separación. Otra que jala por la integración. Y es esta dinámica cotidiana la que ha generado un lugar aparte.

Un mundo que no es ni Estados Unidos ni es México. O como me dijo Tania Guíñiga, una joven que se autodefine como “fronteriza-fronteriza”: “Si unos se quedan de un lado y otros del otro, pues se va a perder todo, no?”.

Fuente/Autor: BBC – Mundo

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