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¡Para ganar de verdad!

Imagen JSF
Ganar una competencia puede ser muy gratificante y estimulante para cualquiera. Sin embargo, los buenos resultados no siempre se logran. Después de un fracaso en una competencia deportiva, es frecuente que los pequeños no quieran volver a participar, por miedo a una nueva derrota.

Para los niños en edad escolar, lo más importante son sus amigos y padres, por lo que es relevante ser bien valorados por ellos, tener popularidad entre sus compañeros, contar con éxito académico o ganar las competencias deportivas. Cuando no logran esos objetivos, se sienten sumamente frustrados.

Lo importante es hablar de los errores, hacer una reflexión en torno al fracaso y asumir que los obstáculos son parte del aprendizaje y de la vida. Si no se realiza ese proceso, lo más probable es que cuando se enfrenten a la misma situación, cometan los mismos errores.

Además, los niños deben fijarse metas de acuerdo con sus posibilidades y tratar de competir siempre consigo mismos y no con los demás.

La influencia de los padres

Es fundamental la actitud que tengan los adultos cercanos hacia el niño. La familia es la que enseña las metas importantes y los fundamentos de la vida.

Por lo general, todos los padres se preocupan por la formación armónica de sus hijos. Sin embargo, muchos caen en exigencias excesivas que lo único que logran es que el niño sufra. Es frecuente que los padres tengan altas expectativas que van más allá de lo que los menores pueden dar, afectándoles en su desarrollo personal.

Si bien hay menores que lloran o se retraen ante el fracaso, también hay padres que no saben cómo reaccionar porque les da vergüenza que sus hijos pierdan en una competencia.

Por eso, lo importante es que los niños superen sus propias metas y no se comparen con el resto de los niños, ya que por querer responder a sus padres los niños se angustian, se ponen excesivamente nerviosos y los resultados son justamente contrarios a los esperados.

Mientras los padres no se desesperen o se angustien fácilmente ante un fracaso, van mostrando a sus hijos que es posible reaccionar en forma adecuada.

La reacción

Ante la derrota, todos los niños reaccionan de manera diferente. En ocasiones se retraen, se molestan con sus amigos, hacen pataletas, lloran o no quieren competir nuevamente por miedo a volver a fracasar.

Las reacciones dependen mucho de las características individuales de cada uno. Hay niños que por su temperamento y constitución son más equilibrados y más tranquilos ante las situaciones de fracaso y hay otros que hacen berrinches por cualquier motivo. Mientras más pequeños son los niños, menor es la tolerancia a la frustración.

No hay que caer en el error de evitarles cualquier fracaso o frustración a sus hijos para hacerles una vida feliz. Si todos los deseos, las necesidades y las ilusiones son satisfechas, el niño no adquiere el entrenamiento necesario para enfrentar una derrota.

En conclusión, lo importante no es evitar la frustración, sino aprender a vivirla y saber cómo manejarla y superarla. Es bueno sacar los aspectos positivos y los aprendizajes necesarios de esa experiencia.

Recomendaciones antes de una competencia

Primero: Los padres deben enseñar a sus hijos a reconocer el esfuerzo que realizan a lo largo del entrenamiento y los logros que van adquiriendo día con día.

Segundo: Es aconsejable que muestren a sus hijos que lo importante no siempre es ganar, sino participar y pasarla bien. Además, exigirles metas con un sentido real, apegadas a las posibilidades y potencialidades de cada uno.

Tercero: Se debe fomentar en los hijos que no todo depende de un momento efímero, como puede ser un éxito o una derrota.

Cuarto: Es recomendable que los papás apoyen a sus hijos en las competencias deportivas, y que luego de un juego les refuercen su participación con una actitud acogedora, para incentivarlos a seguir participando.


Por  Martha Verónica Romero

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