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Gracias

Gracias, Señor.
Gracias por los buenos días
que la gente me ha dado,
por los apretones de mano que di,
por las sonrisas que me han brindado.

Gracias por la moto que,
fácil, me ha llevado a mis cosas,
por la gasolina que la hace correr,
por el viento que me acaricio el rostro
y por los árboles que me fueron saludando al pasar.

Gracias por el metal en mis manos,
por sus largas quejas bajo los mordiscos del acero,
por la mirada satisfecha del patrón
y la carretilla de piezas acabadas.

Gracias por el compañero que me presto su lima
y por el me abrió la puerta.
Gracias por las muchachas con las que me encontré,
por el rojo de sus labios; por sus cabellos y sus sonrisas.

Gracias por la comida que me ha dado fuerzas,
por el vaso de cerveza que apago mi sed.
Gracias por el parte del mediodía,
por las crónicas deportivas,
por las historias con humor.

Gracias por la calle que me fue acompañando,
por los escaparates de los almacenes,
por los coches por los transeúntes,
por la vida que corría rápida
entre las casas pobladas de ventanas.

Gracias por el niño
que vi jugar en la acera de enfrente,
gracias por sus patines
y por la divertida cara de susto que puso al caerse.

Gracias, por quien me recibe en casa,
por su silenciosa presencia.
Gracias, por el ramillete de flores,
pequeña obra maestra encima de mi mesa.
Gracias por el tiempo que me diste.
Gracias.
Amén.