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La falta que me haces

Dios mío. ¡Hay días en que no existes!
Sé que me engaño,
pero es exactamente lo que siento.

Es como si una nube ocultara el sol
y mi día se transformase en penumbra.
Además de las nubes hay luz,
pero dentro de mí no veo nada.

Desorientado, busco algún rayo de luz,
como quien busca un poco de aire respirable;
siento el peso del mundo y de mi pecado;
preocupado y oprimido
Te invoco, pero no veo, no escucho
y no oigo sino el eco de mi grito.

En esos días entiendo el drama de los ateos.
No creer aunque sea posible.
¡Que falta de perspectiva!
¡Que limite!
Después los días se hacen más claros,
y veo, siento y respiro aliviado.

En este juego de escondite,
sólo pierdo yo.
Eres el Dios del rostro oculto.
No tengo dónde esconderme de Ti.
Me encuentras en todo momento.
Yo te encuentro y te pierdo.

Pero en ese encontrarte
y perderte de vista,
cada día estoy más cerca,
cada día descubro algo más.
Cada día me adentro más en tu infinito
¡Dios del rostro oculto!

Gracias por los días en que pareces no existir.
Si no fuese por ellos,
yo no haría el esfuerzo
que hago por comprenderte y encontrarte.
Es la falta que me da la prueba de que existes.
Amen